lunes 25 de mayo de 2020 - Edición Nº537

De Puño y Letra | 22 may 2020

Cine

Ozon el sutil

Rafael conoce muchísimo cine oriental que ignoro. Turquía, China, Corea, Japón. Marco, Rodrigo o Juan Pablo, parece que hubieran visto todo. Si les menciono un autor, me recomiendan sus cortometrajes, su correspondencia, o un documental pertinente. Los Alvaros -ambos- también son de temer. Otro me humilla viendo “Grand Prix” más veces que yo. Terrible. Son amigos indispensables y abrumadores. Me oscurecen coralmente el futuro. ¿Tendré tiempo de ver todo? ¿Me lo consentirá el virus o la tarifa de luz?


Por:
Román Ganuza

Pretendo escribir sobre cine con más ganas que derecho. Cada tanto tengo revancha porque me permiten gritar: “¡esa la ví!”. Pero le temo especialmente a Angel. Me comenta una película búlgara (derrota segura), y agrega una de Francois Ozon, autor que conozco. “Esta vez lo atrapé”, me apuro a pensar. Me propone “Dans La Maison” de 2012. Por supuesto, me faltaba. Esta ironía es solo la punta del iceberg. Porque la película remite inexcusablemente a la ficción como forma de vida. Y esto de leer o ver cada historia posible remite a la clave del film. El personaje de Germain, sostenido por Fabrice Luchini, es profesor de literatura y frustradamente escritor. La medianía, el desinterés, la vulgaridad, componen su paisaje en las aulas. Aparece entre las pruebas que debe corregir, la escritura de Claude García, un alumno excepcional que practica y disfruta lo literario. No se limita a la facilidad formal. Claude tiene la esencia, goza de lo ficcional, vive en la traducción de la vida. Los otros son su insumo.

Fogwill decía: “si te gusta escribir, tenés que hacer el amor pensando como lo contarías”. Esa reducción es riesgosa. La pasión por crear historias se lleva puesto todo. Ozon hurga en la tela final de lo narrativo. La enorme sutileza de “Dans La Maison” consiste en desplazarse con ritmo y precisión entre lo real como imaginario y lo imaginario de lo real. La realidad se construye con palabras y en esa intimidad sabe vulnerarse a sí misma disponiéndose como otra. Relato mediante, lo que es contiene a lo que puede ser. Por eso ficción y mentira son cosas diferentes. Ozon lo sabe y pinta ese “vicio” consistente en devorar más de lo hay. Aparentemente replegado en una biblioteca u obsesivamente reclinado sobre el papel, el hacedor y el asimilador de historias abren mundos. Y la cabalgadura del que inventa o imagina es el deseo. La narrativa es una erótica. Disuelve al que seduce contando y al seducido también.

 En la escena bisagra, Germain es golpeado con un libro por la compañera que acaba de perder. Humorada y también apertura, porque el brillante final de la película es liberación o moraleja según para quien. Lo ficcional como inercia escolarizada estalla para recuperar una primacía inquietante. Sea locura o revelación, Germain se entrega al distanciamiento que tanto le otorga como le quita. Claude vino para destruirlo y completarlo. Polaridad. Ambos personajes inventando personajes, no hacen otra cosa que vivir. “Dans La Maison” es un documento inspirado que fluye naturalmente de narrador a narrador, burlando cualquier anclaje. Lo acredita a Ozon como libérrimo arquitecto. En su película contemplo mi propia textura de consumidor de historias ficcionales (o no). Angel me sirvió este delicioso espejo.

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:
MÁS NOTICIAS