lunes 25 de mayo de 2020 - Edición Nº537

De Puño y Letra | 24 abr 2020

Cine

La belleza que sangra

“¡¡Abogado, no sea infantil !! ¿De veras cree que alguien desde las altas esferas haya ordenado la muerte de Pasolini?” Respuesta: “No era necesario, hay crímenes que se inspiran en la seguridad de que van a quedar impunes, por el  clima de hostilidad que hay en torno a la víctima”. El dialogo entre el juez y el querellante es una punzante síntesis de la película. Hablo de “Pasolini, un crimen italiano”, (ahora liberada https://ok.ru/video/1359823309389). La dirige en 1995 Marco Tullio Giordana, cimentando una rica tradición político testimonial del cine peninsular. Evoco “El Proceso de Verona” (1963), de Carlo Lizzani o “El caso Mattei” (1972) de Francesco Rosi.


Por:
Román Ganuza

Si reducir el universo de Pasolini a su muerte está mal, tratar de reflejarlo en 500 palabras sería peor. Solo puedo acusar refracciones de una película conmovedora. El trabajo de Giordana ingresa al mundo técnico y procesal posterior al 2 de Noviembre de 1975. Apasionante, exhibe todos los vicios del contubernio mediático institucional capaz de legitimar un mamarracho jurídico. La investigación está obstruida y direccionada. Los funcionarios que no se corrompen o no se dejan intimidar, son relevados del caso con el elegante recurso al “ascenso” (Males que cruzan mares).

El filme es un testimonio y una denuncia. El dictamen del forense prueba groseramente que los hechos no pueden haber ocurrido como lo dicen el imputado, la defensa, la prensa, la opinión pública homofóbica, o la ridícula sentencia final. Pero Pasolini es tan fuerte que su cadáver sigue sangrando y sacudiendo las conciencias. La necesidad -terrible- de no ver ni saber, se extendió cruelmente por los alrededores de Roma. Por los mismos suburbios donde Pier Paolo buscó e inventó actores, amantes o amigos. Los de “Accatone” y “Mamma Roma”. Los hizo visibles, pero una mujer humilde grita que el desenlace es merecido.

Artista sanguíneo, su vida misma es una parábola profunda. Pier Paolo profesaba un amor radical por su madre, Susanna. En la bellísima obra suya “El Evangelio Según San Mateo”, ella llora al pie de la cruz encarnando a María. Es una prefiguración de sí misma. “Pasolini, un crimen italiano” incorpora preciosos segmentos documentales. Fugaces tomas del escritor sobre el Alfa Romeo que lo condujo a la noche de Idroscalo. Conducido por sus asesinos, le pasó por arriba para rematarlo, cuando ya estaba gravemente herido. Emociona la indignación de Alberto Moravia. Bernardo Bertolucci, nacido al mundo del cine de la mano de aquel “comunista sin partido y cristiano sin iglesia”, declara: “este es un crimen contra la cultura, contra la inteligencia y la poesía.

La ficción avergüenza a la memoria política italiana. El Presidente de la bancada Social Demócrata, escandalizado, escribe una carta pública. Refuta que Pasolini no es la cultura, y que pocos se sienten representados por él. Es probable y también obvio: El escritor y cineasta los responsabilizaba por la “degradación antropológica de los italianos, y la estupidez criminal de la televisión”. Así era su voz: “Yo, ahora, tengo poco tiempo por culpa de la muerte / que se viene encima en el ocaso de la juventud / Pero por culpa también de este mundo humano / que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz”.

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