lunes 25 de mayo de 2020 - Edición Nº537

De Puño y Letra | 27 mar 2020

Cine

Netflix: La novia del espanto

¿La ex amante de Goebbels en un elenco de Fellini? Así es. En 1957, la producción italiana de “Los inútiles” recluta para el reparto a la actriz checa Lida Baarová. Hace la esposa del relicario seducida o acosada por aquel delicioso irresponsable que encarnaba Franco Fabrizzi. Con sus cuatro décadas más que ajetreadas, seguía siendo lo suficientemente atractiva para justificar el papel. Veinte años antes, recién llegada de Praga, empujaba una carrera en Berlín con la ayuda de su singular belleza.


Por:
Román Ganuza

Lida aprovechó esa herramienta en una decisión que le resultó a la vez tan fructífera como ruinosa. El actor alemán Gustav Frölich fue la primera escala de su ascendente camino profesional. Buena en lo suyo,  pronto es notada por la jerarquía nazi, celosa siempre de las andanzas del cine y de sus jóvenes estrellas. En 1936 recibe la invitación de Adolf Hitler para tomar el té en la cancillería. Pero es el tortuoso ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, quien consigue atraparla con atenciones y financiamiento para sus películas. El poder de la seducción y la seducción del poder.

Hasta sus últimas horas, la actriz defenderá que había sucumbido sinceramente a los encantos de aquel hombre refinado y culto -buen pianista, varias universidades recorridas- cuyo reverso era una abominable función dentro del Reich. No conocí esta historia antes ver “The Devil Mistress” (que debe buscarse como “Lida Baarova”), película checa dirigida por Filip Renc y biopic de la diva. La hubiera disfrutado más sabiendo que se trataba de hechos y personajes reales. Por eso la introducción. El tema de los artistas cooptados por el nazismo ya fue mejor retratado por Istvan Szabó en “Mephisto” (1983) o por Fassbinder en su genial “Veronika Voss” (1981).

Pero Renc tiene las ventajas del testimonial. A pesar de ampulosidades y efectismos, su puesta es buena y el montaje consolida la marcha narrativa. Amerita además una presentación equilibrada del personaje, porque es tan difícil desligar a Baarová de su intimidad con el nazismo, como acusarla de colaboradora. Brillan las actuaciones de Tatiana Pauhofova y especialmente la de Karl Markovics caracterizando al “Doctor Goebbels”. El film consolida esta visión sino absolutoria, cuando menos humanizada de aquella actriz tumbada por el mismo poder que la había elevado.

Es la esposa de Goebbels quien acomete la delación. Hitler, su confidente amigo, no solo se compadece de frau Magda, sino que también ve peligrar aquel emblema publicitario de la familia alemana prolífica y fiel, cara al candor popular. Obliga al ministro a despachar a la Baarová abismándola en la desgracia. Destruida, ella logra fugarse a Praga, entonces bajo el “protectorado de Bohemia y Moravia”, pretencioso eufemismo de la ocupación.

Finalizada la guerra, le resultó fácil al sovietizado gobierno surgido en Checoeslovaquia, acusar infundadamente a Baarova de espía. En este segmento, su calvario se acelera y expande hasta la desproporción. Por ello el enfoque de Renc enfatiza aquellas contingencias que condenaron a la protagonista: los dos grandes desaciertos respecto a su carrera y a la relación con la “familia Goebbels”. La película -a diferencia de Baarová y su suerte- no va a pasar a la historia. Pero es un vehículo hábil para asomarse a ese derrotero personal sellado por una época infame.

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