jueves 02 de abril de 2020 - Edición Nº484

De Puño y Letra | 23 ene 2020

Cine

Temprana admonición

El cine ha padecido más oleadas revisionistas que la historiografía. Ninguno de estos espasmos lo ha preferido a Sidney Lumet. Me anticipo: no cumplió las preceptivas impuestas por los clanes teóricos o no tuvo allí amigos con talle para exceptuarlo del olvido.


Por:
Román Ganuza

Tampoco suele recordarse que hizo una gran película a los 82 años. La longevidad artística no es atributo exclusivo de Allen o Eastwood. Justamente Woody me sirve de apoyo para tributar a Lumet. Dice en la entrevista de Laurent Tirard (1):“Hay dos tipos de directores, los que escriben su propio guion y los que no. Los primeros obtienen siempre un resultado idiosincrásico. Los otros pueden hacer un trabajo brillante y una película magnífica pero no consiguen esa cualidad personal. Pero esto es tanto para bien como para mal: un filme personal puede ser inferior a una adaptación de un texto ajeno”.

Esta reflexión que pone en jaque a cualquier jerarquía, se afila todavía más para Lumet, ya que tendría como objeto una inconstante temática: “He sido acusado de abarcar todo tipo de cuestiones, de carecer de un tema dominante que quepa aplicar a toda mi obra(2). Sin embargo el director oriundo de Filadelfia imprimió su marca en uno de los tópicos que eligió. “Network: un mundo implacable”, filme de 1976, enfoca la naturaleza de lo mediático -de ardua vigencia- mediante una sátira a la que se quiso reconocer fuerza profética. Allí cumple cierta premisa propia: “…se trata de mostrar la realidad agudizada hasta justo el punto en donde casi uno no se lo pueda creer, y sin embargo pueda creer todavía…(3).

El conductor televisivo Howard Beale (un premiado Peter Finch) anuncia en vivo que se va a suicidar porque la emisora lo dará de baja por un descenso del rating. Esta ruptura lo convierte en estrella y el estrellato lo vuelve místico. Beale es un suceso pero está fuera de control. Parte de su atractivo es la denuncia de su propio noticiero como una “gran mentira”. La poderosa cadena televisiva oscila constantemente entre la promoción y la defenestración del personaje. A remolque, el caso complica relaciones personales y afectivas de otros protagonistas.

Faye Dunaway, excelente, encarna el nuevo modo gerencial que viene para arrasar con todo prurito que obste al crecimiento de la audiencia. William Holden, su competidor, representa al modelo en retirada. Lumet añade una relación íntima entre ambos que funciona como correlato de la dinámica principal. Desde su belleza gélida y altanera, ella le hace saber al rival y amante que el objetivo de su vida es alcanzar los 50 puntos de rating. Como el público con Beale, Holden se prenda de esta enajenación insensible a su suerte. Naufraga por partida doble en ese mundo triturador y endogámico. Bajo el eco reciente de películas que tratan la cuestión como “Guasón” o “El caso de Richard Jewell”, Lumet crece en  perspectiva. Pero también deja pensar que aquella relativa autonomía mediática capaz de incluir la disonancia en pos de los resultados, resulta hoy impensable. Ese dispositivo quedó subordinado. Su articulación con los poderes que sostiene es férrea y desembozada. Lumet seguramente se quedó corto. Sería injusto pretender que la asfixia actual fuera entrevista por aquel notable precursor

 

  1. Lecciones de Cine” 2014 de Laurent Tirard
  2.  “Así se hacen las películas” (1999) de Sidney Lumet
  3.  “Así se hacen las películas” (1999) de Sidney Lumet

 

  

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