miércoles 13 de noviembre de 2019 - Edición Nº343

Cultura | 17 oct 2019

Crónica

“Kpop”: el fenómeno musical que hace furor en La Plata

Las bandas de pop coreano vienen arrasando en los rankings mundiales. En nuestra ciudad, los jóvenes fans se dan cita para ver a sus bandas favoritas en video. Micaela Márquez se mete en ese mundo ruidoso y multicolor y nos cuenta cómo es.


Por:
Micaela Márquez

18 de agosto. Son cerca de las 13, pero el pequeño tinglado del centro cultural Juana Azurduy, ubicado en calle 63 entre 20 y 21, está bastante oscuro: apagaron las luces y taparon con una tela las ventanas. Es para que se puedan ver los videos. Los videos son el centro de la fiesta. No están aquí las bandas, pero igual niños, adolescentes y adultos vienen a verlas en versión bidimensional. Bienvenidos al kpop, el fenómeno musical que viene arrasando en La Plata como en todo el resto del mundo.

Kpop significa korean pop (pop coreano) y está bien que la denominación sea amplia porque incluye todo un espectro de estilos diferentes. Consiste en una fusión de pop, hip hop, electrónica, rock, rap y varios otros estilos. Las letras están en coreano y tienen partes en inglés; tocan diferentes temáticas y tienen sus propias coreografías. Entre las bandas más populares algunas se identifican por unas parcas siglas (EXO, BTS, NCT, GOT7, TXT) y otras, breves nombres en inglés (Monsta X, Big Bang, Mamamoo, Stray Kids, Twice, Red Velvet).

Los videos se proyectan en la pared del fondo. Contra las paredes de los costados hay algunas mesas pequeñas con posters, accesorios, fotos y demás mercancía de los grupos de kpop más populares. Hay unas cien personas en el lugar: la mayoría adolescentes, de 15 años para arriba, pero cada tanto se ven niños y preadolescentes acompañados de sus padres. Pocos padres disfrutan de la música; la mayoría tienen expresiones aburridas y cansadas. La música está tan fuerte que apenas se puede hablar, aunque eso mucho no importa: los fans del kpop cantan a todo pulmón, e incluso algunos bailan las coreografías en un rincón.

Decido acercarme a uno de los padres que está más cerca de la puerta, donde podrá escucharme mejor. Es Roberto, de 45 años. Dice: “Vine a acompañar a mis dos hijas porque es la primera vez que vienen y no sabía cómo era este ambiente”. Le pregunto qué opina sobre el gusto de sus hijas por esta música. Contesta: “Prefiero que le guste esto al reggaetón de ahora, que es demasiado explícito y subido de tono para dos nenas de 10 y 12 años. Por lo menos, si esto es explícito, no ese entiende (a menos que busques la traducción). Lo que no me gusta es que gasten sus ahorros en posters y fotos inútiles, pero bueno, es su plata.”

Me acerco a una señora que lleva puesto un buzo de Monsta X, uno de los grupos más famosos del momento. María, de 42 años, comparte el gusto por el kpop con su hija Paula. “Ella lo empezó a escuchar hace dos años y de tanto poner las canciones en casa y de ver sus videos, me terminé copando y ahora la acompaño a todos los eventos”.

¿Qué fue lo que la cautivó?, le pregunto. “Muchas de las letras de las canciones no son sólo de amor hacia una pareja o de desamor. Hablan también de amor propio y de problemas sociales que ni sólo existen en Corea, sino que fácilmente se pueden encontrar en cualquier país. Realmente dejan un buen mensaje y hacen un llamado a la conciencia”, responde. Su hija también aporta su opinión a la conversación: “Las coreografías son geniales. Muchas parecen fáciles pero son complicadas. Además, los miembros de los grupos no se quedan sólo con cantar y bailar. Muchos también actúan, componen o tocan diferentes instrumentos.”

A los 20 minutos de llegar al lugar presencio una de las actividades más esperadas del evento: el concurso de fandancers. Es una competencia de baile en donde los participantes, ya sean solistas, dúos o grupos, preparan una coreografía de una canción a elección y la presentan ante el público y un jurado, conformado por varios fandancers con más experiencia, contratados por los organizadores del evento. Al empezar la competencia, todas las personas dispersas en el tinglado se amontonan buscando un lugar desde el cual se pueda ver a los concursantes. El volumen de los gritos del público varía dependiendo de la canción elegida por los participantes y de qué tan bien interpreten la coreografía.

El concurso termina alrededor de las 15. Me acerco a los integrantes de Cold Mirror, uno de los grupos que se presentaron. “Normalmente, aprendernos las coreografías nos toma alrededor de un mes o dos, dependiendo de qué tan difíciles sean o de si les agregamos algo más”, explican. “Las elegimos por votación y en general las aprendemos entre todos, aunque a veces alguno de nosotros las enseña.”

Luego de la competencia de fandancers se reanudan las proyecciones en la pantalla, y con ellas, los gritos; la gente se dispersa para seguir comprando. Me acerco a uno de los puestos donde se venden posters, fotos y postales. Lo atiende Celeste, de 28 años. “La mayoría compra los posters, que valen 100 pesos, pero algunos también compran las fotos, que salen 40, o dos por 60”, detalla Celeste. “Las postales están a 20 o dos por 30 y también se venden bien. Hace ya dos años que voy a los eventos a vender pero es la primera vez que vengo acá porque es la primera vez que se hace. En los eventos de Capital se vende más, pero también hay muchos más stands, así que es un arma de doble filo.”

A las 16 hay otra competencia de fandancers. En ésta me toca competir a mí. La experiencia es única en cada presentación; la energía que transmite el público te anima a dar lo mejor sobre el escenario y la adrenalina es inmensa, siempre hay mucha expectativa y muchos nervios. ¿Va a salir bien la coreografía? ¿Va a gustar? Y luego morderse las uñas esperando los resultados del concurso. Pero a pesar de los constantes nervios, disfruto plenamente la experiencia porque estoy haciendo una de las cosas que más amo: bailar. Otra vez los gritos del público vivando a los participantes. Al final los propios integrantes del jurado hacen una presentación para cerrar el concurso y después se van a deliberar. Tienen que elegir ganadores en distintas categorías: solistas/dúos y grupos. Mientras debaten se proyectan más videos en la pantalla para hacer tiempo.

Sobre las 17, el jurado anuncia a los ganadores. Además se sortea un regalo sorpresa. Ya se está haciendo tarde para mí, así que decido volver a mi casa; los organizadores ahora están explicando un juego, también con premios. Salgo del tinglado y veo que ya está oscureciendo. Hace mucho frío y la parada del colectivo está a varias cuadras. El día fue largo; espero poder llegar pronto a mi casa.

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Micaela Márquez es alumna del taller literario de Sebastián Lalaurette.

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