viernes 18 de octubre de 2019 - Edición Nº317

Cultura | 19 sep 2019

Gratis, en el teatro de la UNLP

Notable versión de “La Nona”

La obra de Tito Cossa se puede ver gratis hasta el último sábado de noviembre. Excelentes actuaciones y trabajo técnico le dan vida a un clásico del teatro nacional.


Por:
Sebastián Lalaurette

Allá por 1977 se estrenaba una obra que con el correr de los años se convertiría en uno de los clásicos ineludibles del teatro argentino. Con su recuperación del grotesco vigente en décadas anteriores, pero adaptado al contexto social de esos años, “La Nona”, de Roberto “Tito” Cossa, escenificó en clave de comedia una realidad dolorosa para millones de personas, y se convirtió en inmortal. 

Entusiasma, entonces, contar en La Plata con una puesta de calidad de esa obra trascendente y a un precio inmejorable (gratis). Asistir a la versión de “La Nona” que se representa todos los sábados en el teatro de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) es uno de los grandes placeres que ofrece esta ciudad.

La trama se ciñe al texto de Cossa y, sin demasiados spoilers, puede sintetizarse así: En una casa de Buenos Aires viven seis personas que afrontan penurias económicas. Carmelo, el padre de familia, dueño de un puesto de verduras en la feria, convive con María, su mujer, ama de casa, y con Marta, la joven hija de ambos, de dudoso empleo por las noches; también con Chicho, hermano de Carmelo, eternamente empeñado en componer tangos y en evitar cualquier cosa parecida a un trabajo; y con Anyula, la sacrificada tía de ambos. Pero es cuando aparece en escena el sexto habitante de la casa, la abuela (es decir la Nona), que queda clara la causa de las dificultades materiales de toda la familia. Y es que la Nona vive para comer. Come tanto y tan seguido que Carmelo tiene que destinar buena parte de su mercadería a satisfacer el apetito de la vieja. Tanto come, tan seguido come, que tras atender a sus necesidades almorzativas todos quedan exhaustos. Se impone hacer algo con la Nona, de lo contrario será la ruina; la trama avanza a través de una sucesión de estratagemas, generalmente ideadas por Chicho, para lidiar con el problema de la abuela que, a medida que avanzan las escenas, y a pura fuerza de mantenerse igual a sí misma, va apareciendo no sólo como inmutable, sino como hiperpoderosa y hasta inmortal. En tanto, todos los demás personajes van cayendo derrotados.

Sin abandonar las risas, la puesta recupera y acentúa el carácter trágico subyacente a la obra y ausente en otras representaciones. Norberto Barruti, fundador del taller de teatro de la UNLP, dirige esta versión, que tiene a Oscar Sierra en el papel de la Nona del título. Y hay que destacar también el trabajo técnico en cuanto a iluminación (será especialmente importante al final) y a escenografía, ya que a lo largo de la obra los elementos que la componen irán desapareciendo. 

Sin desmerecer el impecable trabajo de Sierra, sería justo decir que la obra descansa sobre el trío que conforman Carmelo (Horacio Martínez), Chicho (Pablo Pawlowicz, también director ejecutivo del taller de teatro) y María (Paola Tzivelecon). Los dos hombres son los que, como fuerzas a veces antitéticas, a veces complementarias, determinan lo que se hace en la casa y trazan sin quererlo un rumbo trágico; la mujer, ubicada a veces físicamente entre ambos, apela a la estabilidad, a la preservación de valores fundamentales, intenta detener la espiral descendente de la familia. Fracasará, y es evidente que fracasará, lo que Tzivelecon traduce en un gesto frecuentemente exasperado.

Pero en esta adaptación no es María, sino Martita, el centro moral de la historia. No la vemos mucho a lo largo de la obra pero el personaje se hace eco en todo momento de la mirada del espectador. Aparece al principio como prescindente respecto de la dinámica familiar, luego como partícipe reticente de un artificio absurdo que no ha diseñado, finalmente como víctima capturada en la descomposición general sin haber descendido, como los otros, a un ámbito siniestro. Cuando la situación es ya desesperante y todas las cartas están echadas sobre la mesa, Martita (Abril Grotadaura) toma la escena para anticipar su propio sacrificio, adquiriendo así un carácter trágico y noble; el texto original no pone énfasis en este aspecto, pero, bajo la guía de Barruti, Grotadaura encarna y transmite sin dobleces el costado angustioso del personaje.

En cuanto a Carmelo, el sufrido pater familias cuyo trabajo como verdulero en la feria da de comer malamente a todos y no tan malamente a su madre, representa una ética del esfuerzo que le fue muy cara a la clase media argentina pero que se demuestra efectivamente inútil con el correr de los acontecimientos. Chicho, por otra parte, es el “artista” cuya vagancia es tan profunda que acabará por disparar la ruina de todos. Su aversión al trabajo lo hará pergeñar iniciativas cada vez más descabelladas que al principio Carmelo rechazará con prontitud pero en las que luego se dejará arrastrar, a medida que la crisis vaya disolviendo las certidumbres éticas.

Si Chicho y Carmelo son potencias iguales y opuestas, la Nona (magistralmente encarnada por Sierra) es una fuerza de la naturaleza, un huracán que lo destruye todo a su paso. El instrumento de esta destrucción es la boca, de la que salen frases en cocoliche y en la que ingresan alimentos en continuado. El lenguaje de la abuela sirve casi exclusivamente para reclamar comida: pane, picadita, aceitunas, formaggio, todo lo cual apenas hará mella en su perpetua hambre de Pantagruel.

Tarde llega a esta reseña don Francisco, el kiosquero interpretado por Héctor Villoldo, que se incorpora a la historia como el único personaje en escena que no forma parte (originalmente, digamos) de la familia. Hubo en el pasado una trama amorosa entre él y Anyula (Graciela Sautel) que fue abortada; reaparecerá ahora de forma cruel y respondiendo a lo que la obra tiene de grotesco. Ambos actores son efectivos, especialmente Sautel en su recato que oculta el sufrimiento central al personaje.

“La Nona” podrá disfrutarse gratis en el teatro de la Universidad, en 10 entre 54 y 55, todos los sábados a las 21, hasta el último sábado de noviembre. Para poder asistir es necesario reservar entradas llamando al teléfono 423-2283 a partir del jueves anterior a cada función. Es recomendable hacer la reserva el mismo jueves porque las localidades se agotan rápidamente. Como parte de una campaña benéfica para merenderos de la zona, los asistentes podrán entregar opcionalmente envases de leche larga vida en el momento de retirar sus entradas con la ubicación correspondiente la noche de la función.

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