sábado 21 de septiembre de 2019 - Edición Nº290

Información General | 5 sep 2019

Migrantes en conflicto

Quiénes son y cómo viven los senegaleses en La Plata

Volvieron los operativos contra los manteros y con ellos, las incógnitas sobre estos migrantes perseguidos por los organismos de control.


Por:
Sebastián Lalaurette

¿Quiénes son?, ¿de dónde vienen?, ¿adónde van después de recoger sus mercancías? Estas y otras preguntas nos hacemos los vecinos de La Plata de tanto en tanto, cuando pasamos junto a algún senegalés que, instalado en una vereda o en una plaza, ofrece sus mercancías en la esperanza de que no llegue la policía para arruinarle la jornada; o cuando, como ocurrió ayer, asistimos a un enfrentamiento entre los manteros y agentes policiales o de Control Urbano. Hay en la ciudad unos 200 hombres provenientes de Senegal que se rebuscan la vida a través de la venta ambulante y de paso ayudan a sus familias que quedaron en África. No sabemos casi nada de ellos. Pero son nuestros vecinos también. 

Las respuestas a muchas de las incógnitas que tenemos los platenses respecto de los migrantes senegaleses están, de hecho, respondidas. Y esas respuestas desbaratan algunos prejuicios sobre ellos. Los datos recogidos por investigadores de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) trazan una radiografía de este colectivo que hace ya varios años está instalado en la ciudad.

Un dato que podría sorprender, quizás, es que sólo el 8% de los senegaleses que viven en La Plata están en una situación migratoria irregular. El 65% de ellos tienen residencia precaria, que los habilita a residir, estudiar y trabajar legalmente en el país, y el 28% alcanzaron ya la residencia permanente. De estos últimos, la gran mayoría (un 81%) la obtuvieron a través de un programa de regularización migratoria implementado por el gobierno anterior, en 2013. 

Lo que, en cambio, seguramente no sorprende es que casi todos los senegaleses platenses se dedican a la venta ambulante o en ferias, principalmente de bijouterie, pero también de otros artículos como relojes, billeteras, accesorios para celulares, gorros, guantes, bufandas y demás. Y es que el casi todos tuvieron a la venta ambulante como primer trabajo una vez que llegaron a la Argentina; sólo el 4% se inició en la construcción, gracias a que la filial platense de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA) los empleó (legalmente) en obras que se realizaban en la región.

En forma similar a lo que ocurre a nivel nacional, la inmensa mayoría de los senegaleses que viven en La Plata (un 98%) son varones; y casi el 90% tienen entre 20 y 40 años de edad (el resto son mayores). El 62% están casados con una mujer senegalesa, y la mitad tienen hijos en su país de origen; sólo el 2% formaron pareja con una argentina. Casi todos (el 97%) envían remesas a Senegal, es decir que además de mantenerse con su trabajo, ayudan a las familias que dejaron en su país natal.

La situación de los manteros senegaleses en cuestiones tributarias es menos uniforme. Los propietarios de locales comerciales suelen quejarse de que los manteros no pagan impuestos pero, de hecho, el 35% son monotributistas, y de éstos, el 44% utilizan la obra social. 

Los datos fueron recogidos y elaborados por el Grupo de Investigaciones sobre Migraciones Africanas y Afrodescendientes en Argentina, de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP, y por la Coordinadora Migrante de la Facultad de Trabajo Social de la misma universidad, a través de un trabajo de campo que duró cuatro meses, entre septiembre y diciembre de 2018, durante el cual se entrevistó a 171 de los aproximadamente 200 senegaleses que, según se estima, viven en La Plata.

El estudio requirió la ayuda de un grupo de migrantes que ayudaron a los investigadores a comunicarse con los encuestados, ya que algunos de ellos no hablan español sino que se comunican en wólof, un idioma hablado en Senegal, Gambia y Mauritania. Además, las encuestas fueron realizadas entre las 21 y las 23, porque es en ese horario cuando se los puede encontrar en sus viviendas. Claro, más de la mitad de los que se dedican a la venta ambulante están en la calle durante más de diez horas, y sólo el 5% trabaja menos de ocho horas. Y el 81% trabajan los siete días de la semana; sólo el 1% se toma dos días libres por semana y el resto, uno. 

Entre vecinos

¿Adónde van cuando desaparecen de plazas, ferias y veredas? No muy lejos, explica Bernarda Zubrzycki, investigadora del CONICET e integrante del grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias Naturales. La mayoría viven en el centro de la ciudad, sobre todo en las inmediaciones de las terminales de ómnibus y trenes. Aunque algunos han alquilado departamentos en otros barrios, lo típico es que alquilen entre seis o siete una casa en la zona mencionada, un dúplex, o quizás habitaciones en una pensión. 

Zubrzycki dijo a en 40 Líneas que uno de los mitos que quedan disueltos al recabar datos sobre los movimientos y la vida de los manteros senegaleses es “la idea persistente de que hay una mafia que los trae engañados para trabajar en la calle”. Esa hipótesis, que cada tanto es reflotada por la prensa, no tiene asidero, dijo la especialista, que hace más de una década viene analizando el fenómeno de la migración africana hacia la Argentina. 

“Los senegaleses no vienen engañados. Tienen contactos acá, saben a qué vienen, saben que la primera opción que tienen es la venta ambulante”, explicó a este portal. “Y no es que huyen de África porque allá se mueren de hambre, como creen muchos. Ellos salen a probar suerte en el mundo, y tienen toda una ética de trabajo.” La mercancía que ofrecen la obtienen yendo a comprar en cantidad al barrio porteño de Once o directamente a alguno de los senegaleses que, habiendo permanecido en la Argentina durante varios años, se convirtieron ellos mismos en mayoristas, y que cada una o dos semanas “bajan” de Buenos Aires a La Plata para vender los artículos a los manteros locales. 

La llegada de los senegaleses a la Argentina suele darse de forma indirecta, ya que, según los datos recogidos por los investigadores de la UNLP, su primera escala suele ser Ecuador, o a veces Brasil. “Ecuador, por razones que aún requieren estudio, es un nodo migratorio: llegan allá, pero no se quedan”, dijo Zubrzycki. Un 44% de los encuestados en La Plata dijeron haber recalado allí en primer lugar, en tanto que un 32% viajaron de África a Brasil, a través de una visa obtenida en la embajada brasileña en Dakar, la capital de Senegal. Una minoría (el 6%) ingresó con visa directamente a la Argentina.

¿Y por qué eligen a nuestro país? En otros tiempos, dijo la investigadora, porque la Argentina era el país que mejores posibilidades les ofrecía para vivir y ayudar a sus familias. Pero en estos tiempos de crisis no descarta que la situación cambie y otros puertos les resulten más atractivos. Lo cierto es que la migración senegalesa a nuestro país es un fenómeno de largo aliento ya, que se inició a mediados de los años noventa y se intensificó una década más tarde. 

Los primeros migrantes de Senegal llegaron a La Plata en 2006 y hoy hay dos centenares de ellos viviendo en la ciudad. Aquí viven y aquí trabajan. Son nuestros vecinos.

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