domingo 21 de julio de 2019 - Edición Nº228

Turismo | 26 abr 2019

La historia de la manzana maldita

De 3 a 4 y de 48 a 49, donde estuvo el Mercado Regional de la ciudad y hoy se encuentra la playa de estacionamiento de Aprilp, se generan siempre comentarios sobre su destino, que desde hace décadas, es solo ser el monumento de lo que nunca será y de lo que alguna vez supo ser.


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Lugares icónicos

Pasaron ya 45 años desde su demolición, y en todo ese tiempo los comentarios de lo que allí podría construirse se multiplican de forma constante. Que se harán playas de estacionamiento con subsuelos y varios pisos, que se construirán sedes para juzgados del Poder Judicial, que se edificará el hotel de cinco estrellas que la ciudad capital no tiene… Pero la única certeza es lo que hay y lo que hubo, una playa de estacionamiento de una entidad benéfica, en el lugar en el que supo estar el Mercado de abasto de La Plata.

La manzana que va de las calles 3 a 4 y de 48 a 49, en pleno centro platense, tiene una ubicación privilegiada para lo que se quiera construir allí. Se encuentra cerca de la gobernación y el ministerio de Seguridad, tiene a escasos metros el bosque en donde están el ecoparque (ex zoo), el museo, el observatorio y el estadio de Estudiantes de La Plata (hoy en plena construcción), a pocas cuadras a pie, se puede ir al hipódromo o al bingo y en un viaje corto en auto o taxi se puede llegar rápidamente al Teatro Argentino o a la Plaza Moreno.

Desde hace un tiempo ya, se escucha siempre el rumor de que allí se erigirá el Hotel de 5 estrellas que La Plata no tiene, ya que sus dimensiones permitirían a quien se encargue de la construcción de poder hacerlo, teniendo en cuenta además que hay accesos rápidos desde 1, 122 o 7, que en minutos pondrían a cualquier persona que allí se hospede en la autopista. Esos trascendidos, cobraron muchísima fuerza cuando Daniel Scioli fue gobernador, pero finamente no se cristalizaron y hoy perdieron fuerza.

Esa hectárea casi vacía, poblada por autos que no encuentran en donde estacionar, cobijó el Mercado Regional de la ciudad, creado apenas cuatro años después de la fundación de la Capital por iniciativa de Juan Ithurralde, que encargó su diseño a Francisco Seguí, del Departamento de Ingenieros bonaerense.

La constructora de José Marinoni lo hizo realidad de septiembre a setiembre, comenzando en 1885 y finalizándolo un año más tarde, con dos plantas de altura con terrazas esquineras, por lo que pronto se convirtió en un hervidero de actividad comercial para el intercambio de alimentos frescos, frutas y verduras entre productores y minoristas.

A partir de su instalación comenzó a transformarse su entorno, y comenzaron a verse en sus alrededores cafés y pequeños hoteles. El punto máximo de su día laboral se daba a las 4 de la madrugada, momento hasta el que entraban y salían del mismo carros tirados a caballo repletos de mercadería.

Con el siglo XX mostrando los avances tecnológicos, lo que antiguamente fueron los depósitos de la planta alta se fueron llenando, pero no de mercadería, sino de personas, que lo convirtieron en un gigante conventillo donde residían en su mayoría las personas que allí trabajaban. Pero casi llegando a mediados de siglo, el intendente municipal buscó hacerse del lugar trasladando a sus ocupantes a un barrio en Tolosa llamado “Las mil casas”.

Así, el mercado se despejó de algunas personas pero se llenó de ratas. De todas formas, quedaron residiendo en él medio centenar de familias, que pagaban una mensualidad por estar en habitaciones con baños compartidos, salvo aquellos que estaban en las esquinas, que tenían el privilegio de contar con dos piezas, baño privado, cocina y la terraza, algo a lo que el resto no accedía.

Once años más tarde, en 1960, la presión de los vecinos para que demolieran el lugar tuvo eco en los legisladores bonaerenses que sancionaron la ley provincial 6392 declarando “de utilidad pública y sujeto a expropiación” el inmueble, entonces perteneciente a la razón social “Mercado de Abasto La Plata Productores Comerciales Agropecuarios SA”. En mayo de 1965, se firmó el decreto de expropiación por 15.500.000 de pesos.

El 16 de enero de 1973, las cuadrillas de trabajo de la empresa Morales y Russo empezaron a martillar sobre las paredes de ladrillo, labor que les llevó casi dos meses, ya que eran de casi un metro de espesor. Solo quedó un pequeño paredón perimetral, que precedió a la decisión de convertirlo en playa de estacionamiento a cargo de entidades de bien público.

Esa decisión provisoria tomada en 1975, tendría vigencia hasta que se iniciaran las obras de un complejo administrativo y cultural que jamás llegó. Luego de que por allí se instalaran (cuando estaba permitido) algunos circos como el Rodas, los feriantes de Plaza Italia quisieron el lugar para montar una gran feria, que tampoco pudo concretarse. Un centro de convenciones con cocheras subterráneas, un hotel de lujo, y hasta una gran playa de estacionamiento (no la actual, sino una con varias platas) fueron parte de los proyectos que el viejo mercado se tragó, como venganza a su muerte.

Más cerca en el tiempo, el lugar fue testigo de una lucha de Poderes, a través de una disputa entre el Ejecutivo y el Judicial, en donde el Legislativo terminó cediendo el terreno para que la Justicia pudiera construir allí una sede con oficinas administrativas y juzgados al por mayor, pero obviamente jamás sucedió. La burocracia administrativa o la maldición del mercado siempre se encargan de cajonear cuanta propuesta haya y todo queda en la nada, con la certeza de lo que hay y el recuerdo de lo que fue…

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