domingo 21 de julio de 2019 - Edición Nº228

Información General | 18 ene 2019

Mascotas en los edificios, un problema sin solución aparente

La tenencia de animales domésticos en departamentos es motivo de disputas entre el consorcio y algunos de sus habitantes. La ley no lo prohíbe, pero algunos reglamentos internos sí. Un problema para el que la ley argentina aún no ha legislado ninguna solución.


Por:
Urbanidad y Buenas Costumbres

En derecho, lo que la ley no prohíbe está permitido. En los edificios lo que la ley no prohíbe lo censura, a través de diferentes regímenes, el consorcio.

Esto es lo que pasa en las construcciones de varios pisos en todo el mundo, donde los contratos de copropiedad o los reglamentos internos, regulan la posibilidad o no de poseer una mascota en cada unidad funcional.

En nuestro país, la regulación en cuestión casi siempre es por la negativa y suele prohibirse la tenencia de mascotas dentro de los edificios, amparándose en el inciso b artículo 6 de la Ley 13512 (Ley de Propiedad Horizontal de la República Argentina) que marca que queda prohibido a cada propietario y ocupante de los departamentos o pisos “perturbar con ruidos o de cualquier otra manera la tranquilidad de los vecinos ejercer actividades que comprometan la seguridad del inmueble, o depositar mercaderías peligrosas o perjudiciales para el edificio”.

En realidad y como queda claro, la legislación no prohíbe expresamente la tenencia de mascotas, aunque si pueda interpretarse que la misma, pueda perturbar la tranquilidad y la seguridad de los moradores del edificio, lo que inhabilitaría su presencia en el lugar.

Para evitar cualquier libre interpretación de este inciso, que pudiera introducir una mascota en un departamento, los contratos de copropiedad lo hacen constar en su articulado, recortando el derecho de las personas a tener una compañía animal, en lugar de regularlo.

La idea de que para eliminar la rabia hay que matar al perro (en lugar de vacunarlo) es la que ronda en este tipo de acciones, que prefiere evitar los animales en las viviendas, con la excusa de los ruidos, los aromas y la posibilidad de que sean peligrosos, a exigirle a sus dueños un comportamiento acorde a la tenencia responsable de una mascota.

Para ello se imponen multas, apercibimientos y hasta desalojos (en los que debe intervenir la justicia), si los inquilinos o propietarios insisten en la tenencia de animales. En muchos casos, algunos habitantes han elegido pagar las multas y mantener a sus mascotas en sus casas, lo que pone en tela de juicio si el verdadero motivo de la prohibición no es recaudatorio.

Pero hay países en los que sí se ha legislado en este sentido y precisamente se lo ha hecho para poder ejercer el derecho de tener un animal doméstico en el lugar en el que se reside.

Es el caso de Colombia, en donde gracias a una sentencia de la Corte Constitucional de 1997, es parte del derecho al desarrollo de la personalidad y a la intimidad personal y familiar, por lo que ninguna autoridad puede negarla.

Allí para garantizar la tranquilidad de todos los copropietarios de los edificios, se reglamentó cuales han de ser las limitaciones y obligaciones de los dueños de la mascotas, como la garantía de una tenencia responsable que pueda redundar en su bienestar, el de sus vecinos y el de su propia mascota.

De esta forma, el país cafetero prohíbe prohibir y establece reglas claras, evitando restricciones que amenacen la posibilidad de vivir con un animal doméstico y que según declara el abogado Fernando Calderón Olata “conviven en la mezquindad de la ilegalidad absoluta, siendo tales restricciones, prohibiciones y sanciones inoponibles, inaplicables e inexigibles de pleno derecho”.

Sobre este tema, Colombia demostró que sí se pueden encontrar soluciones estableciendo pautas de comportamiento claras para quienes quieran ejercer su derecho a tener una mascota y no dejándolo al albedrío de una asamblea de propietarios.

El caso de Tarzán

Tarzán era un labrador que en 2000 llegó a un edificio del porteño barrio de Palermo, para vivir en el piso 11 junto a un abogado y sus tres hijos.

De inmediato el consorcio advirtió al letrado de la prohibición y tiempo después accionó judicialmente contra el propietario por hacer caso omiso a la misma.

La justicia falló a favor de los dueños de Tarzán no solo en la primera instancia, sino también en la apelación y advirtió respecto a estas cláusulas que "No pueden aplicarse con estrictez e irrazonablemente; la exclusión de un animal por el solo hecho de serlo, importaría un ejercicio abusivo del derecho".

Al igual que en las películas, Tarzán resultó ser el héroe.

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