lunes 22 de julio de 2019 - Edición Nº229

Cultura | 15 dic 2018

"Vivir sin Justicia": cuando la ausencia del Estado se cubre con sangre

El disparo policial que puso fin a la vida del adolescente Omar Cigarán, en febrero de 2013, fue sólo el punto final de una larga historia de abandono y falencias institucionales. La periodista Mariana Sidoti reconstruyó esa historia y la narró en forma de libro. Ayer, en la presentación de "Vivir sin Justicia", la autora repasó ese proceso y puso el foco en las deudas que la sociedad aún tiene con los niños que viven en sus márgenes.


Por:
Primer libro de la periodista Mariana Sidoti

Por Sebastián Lalaurette

"Omar nunca tuvo justicia en vida. ¿Por qué iba a tenerla ahora?" La frase de Milton Cigarán quedó suspendida en el aire. Resonando. Su hijo, Omar Cigarán, había muerto a los diecisiete años, alcanzado en el pecho por una bala policial; la Justicia acababa de absolver al oficial que disparó. De esa manera Diego Flores quedó libre de culpa y cargo y el proceso por esa muerte concluyó. Omar había querido robar una moto; Flores quiso detenerlo; Omar le apuntó al pecho con un arma; el policía disparó primero. Fin de la historia.

Pero las historias se cuentan desde el principio. Y Mariana Sidoti sabía que eran muchas las cosas que se habían encadenado para llevar fatalmente a ese disparo, a ese punto final. Recogió la frase de Milton y la utilizó para el título de su libro: "Vivir sin Justicia". En ese volumen, que publicó la editorial Mascaró y que hoy se presentó en el Centro Universitario de Arte, en el marco de la feria de editoriales EDITA, la periodista platense desarrolló el periplo de Omar y puso al desnudo la trama de desamparos que hicieron que su muerte fuera prácticamente inevitable.

"El Estado no sabe cómo actuar ante estos casos porque no tiene recursos y claramente no tiene interés en dedicarlos", dijo Sidoti en la presentación de su libro. Y a lo largo de su exposición fue señalando las formas en que las diferentes instituciones con las que Omar estuvo en contacto desde su infancia resultaron ineficaces o, como en el caso de la policía, directamente hostiles. Todas esas falencias, señaló la periodista, continúan hoy. "He trabajado con chicos de siete u ocho años en situación de calle y cualquiera de ellos podría tener el mismo destino que Omar", dijo.

El joven Cigarán nació y vivió toda su vida en el Barrio Hipódromo, en las afueras del casco urbano platense. Hijo de Milton y de Sandra Gómez, quien hoy integra el Colectivo contra el Gatillo Fácil, transcurrió sus pocos años envuelto en la precariedad y a veces en la violencia. Junto a otros chicos recaló en la glorieta de la Plaza San Martín, en pleno centro platense; los medios bautizarían al grupo "la banda de la frazada" porque una vez uno de ellos utilizó una frazada para asaltar a una pareja que pasaba por allí. La realidad, sugiere Sidoti, es más compleja y es inexacto hablar de una banda, pero el mote quedó, y así es como pasaron a ser conocidos los chicos que transcurrían ahí sus horas, en situación de calle, en conflicto con la ley y lejos de cualquier amparo estatal.

Antes de integrar esa supuesta "banda" Omar ya había tenido otros conflictos. Como cuando, en la escuela primaria, amenazó a un compañero, y la maestra no tuvo mejor idea que llamar a la policía y decirles a sus padres que el chico debía ser enviado a un hospital neuropsiquiátrico. Ya se había escapado de su casa; ya había caído en la adicción a las drogas. También aquí, dice Sidoti, se registra una ausencia notable de las instituciones estatales. "Hubo personas que no tuvieron problema en venderles a estos chicos todo tipo de sustancias. No hablo de marihuana; hablo de pastillas, de merca, de pegamento. Ninguna de estas personas estuvo siquiera cerca de integrar un expediente judicial", dijo hoy la periodista.

En la reconstrucción que Sidoti hizo de la vida de Omar Cigarán se advierte la emergencia de ciertas luces de esperanza que al poco tiempo acabarían aplastadas. Por ejemplo, en 2007 la Municipalidad platense implementó una tímida iniciativa para acercarse a los chicos en situación de calle, bajo el título de "Hacete Amigo". Se hizo un censo que determinó que existían 211 chicos en situación de calle en la ciudad. Por una vez los actores institucionales realmente se acercaban a ellos tendiéndoles una mano amistosa. Y sin embargo, al año siguiente, una redada policial en la Plaza San Martín desmembró la olla popular que se había montado para darles de comer y acabó enviando a los niños "de la frazada" a un hogar en City Bell del que escaparían casi inmediatamente. Otro ejemplo: tras una nueva "entrada" en un instituto de menores luego de haber cometido un robo, Omar volvió a su casa y retomó los estudios secundarios, soñando con convertirse algún día en arquitecto. Pero la policía lo acosaba continuamente, deteniéndolo por averiguación de identidad (a pesar de que, como señaló la autora, lo conocían muy bien). El adolescente terminó desistiendo de finalizar los estudios. "Si no estudio me joden, si estudio me joden igual", les dijo alguna vez a sus padres. Una vez más, quedó al margen.

La bala que mató a Omar no salió del arma de ningún policía de la Comisaría 2a., con jurisdicción en su barrio; Flores trabajaba en otra dependencia. Sin embargo, la familia cree que se trató de una muerte anunciada. Sandra Gómez denunció que agentes de la 2a. habían ido a su casa la noche anterior en busca del joven y que al no encontrarlo, le advirtieron que lo iban a matar. Al día siguiente, 15 de febrero de 2013, fue otro policía el que acabó con su vida. Para Gómez, fue un caso de gatillo fácil.

"Yo me desmarco un poco de ese término", dijo hoy la autora del libro; "me interesa poner el foco en la violencia institucional. Porque la violencia no se limita al policía que dispara o a los órganos judiciales que condenan. También está en los hogares que se caen a pedazos y no pueden brindar contención. Y no le quito responsabilidad a la sociedad tampoco. Poco antes de la muerte de Omar, vecinos del barrio se habían reunido con el comisario para reclamarle que pusiera fin al problema de la inseguridad. Ya sabemos qué significa para la policía poner fin al problema."

Sidoti lamentó que el gatillo fácil sea hoy "avalado sin problemas" no sólo por una parte de la sociedad, sino incluso por altas autoridades del Estado. Se refirió al caso de Luis Chocobar, el policía que fue procesado por matar por la espalda a un delincuente pero que recibió el apoyo explícito del presidente de la Nación, Mauricio Macri. "Recibió un espaldarazo institucional muy importante", dijo la periodista.

"Vivir sin Justicia" es el primer libro de Mariana Sidoti.

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