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lunes 19 de noviembre de 2018 - Edición Nº2367
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La Plata, Capital Nacional del Alcaucil

15 jun - La ciudad gana cada vez más importancia a nivel internacional en la producción de este vegetal, que tras 7 décadas de trabajo ya cuenta con una distinción a la que solo accedieron otros 5 productos en nuestro país.

La ciudad de las diagonales, la ciudad donde las calles no tienen nombre, la capital provincial… Son tantas las formas de llamar a La Plata, que nada costaría agregarle una más, sería como hacerle otra raya más al tigre.

Lo cierto es que son las características las que definen a los lugares y no solo las cualidades arquitectónicas, de diseño, de política o deportivas las que pueden servir para calificar una zona. Su producción interna también aporta lo suyo a la hora de referirse a una región en particular, por lo que la comuna fundada por Dardo Rocha podría conocerse también como “la capital nacional del alcaucil”.

Y ciertamente no se exageraría al citarla de esa forma, ya que allí se producen más del 60% de las alcachofas de nuestro país y se encuentran el 97% de las tierras bonaerenses para su cultivo. Teniendo en cuenta que la superficie total de su siembra en Argentina es de aproximadamente 1750 hectáreas, 900 pertenecen a La Plata, 450 a Cuyo, 250 a Rosario y 150 a Mar del Plata.

Cabe destacar también que es en tierras platenses en donde se concentran y se ostentan los mayores rindes para este noble fruto, con 14 toneladas por hectárea, cifra que duplica el promedio nacional.

Tan importante es la zona en la producción argenta, que desde hace dos años obtuvo un reconocimiento por parte de Presidencia de la Nación, quien a través del Ministerio de Agroindustria por la Secretaría de Agregado de Valor y la Subsecretaría de Alimentos y Bebidas, otorgaron al producto la identificación de ‘Indicación Geográfica’ (IG) para “Alcauciles Platenses”, un sello distintivo que en el país ostentan solamente el Chivito Criollo del Norte Neuquino, el Salame típico de Colonia Caroya, el Melón de Media Agua de San Juan, el Cordero Patagónico y la Yerba Mate.

En aquella ocasión, el secretario de Agregado de Valor del Ministerio de Agroindustria de la Nación, Néstor Roulet, remarcó que “detrás de un producto hay vida y hay trabajo. Este reconocimiento es una forma de honrar a todos los horticultores que se levantan todas las mañanas trabajar la tierra que es algo maravilloso”. Y agregó “Vamos a continuar trabajando para agregar valor a la producción de alimentos, y en el caso de los alcauciles, para cumplir un nuevo sueño que es poder exportarlos”.

Mercedes Nimo, subsecretaria de Alimentos y Bebidas, explicó que para la obtención del sello de Indicación Geográfica “han sido 5 años para lograr este reconocimiento a los pequeños horticultores dedicados a esta hortaliza, y la idea es poder apoyarlos en lo que hace la agregación de valor y a la ubicación de los productos en las góndolas de los supermercados. Hay mucha tarea para hacer para que los alcauciles sean reconocidos en todo el país y que haya cada vez más consumidores”.

Este sello identifica y garantiza una calidad particular vinculada con el origen geográfico del producto, posibilitando a los consumidores el acceso a una mejor información sobre los elementos que lo diferencian y brindando protección legal al cultivo que reúne a 100 productores de la zona y emplea unas 3 mil personas, según estimaciones de la Secretaría de Producción municipal.

Pero tal distinción no llegó de un día para otro, el alcaucil está instalado en la zona desde los años ’50, cuando los primeros productores eligieron el cinturón platense para iniciar el cultivo en el país debido a que en las características de la región encontraron muchas similitudes a las principales regiones productoras del mundo alrededor del mar Mediterráneo, como son Italia, España y Francia.

Desde aquí partieron las técnicas utilizadas en las otras zonas productoras de alcaucil del país, como Cuyo y Rosario, que fueron importadas por los inmigrantes italianos que introdujeron el fruto junto a otras especies vegetales de origen europeo.

En esos primeros tiempos se comenzó con una variedad denominada “ñato”, caracterizada por tener más de un metro de altura. Más adelante en el tiempo se cultivaron variedades más pequeñas que permitían recoger la cosecha utilizando canastos.

Las zonas de Arana y Los Hornos, fueron las primeras en acoger la alcachofa para luego seguir su crecimiento hacia Olmos, Gorina y Villa Elvira, que pronto cubrieron de alcauciles sus campos poniendo a los productores locales a la vanguardia de este cultivo en el mundo hacia fines del siglo pasado.

La siembra se inicia entre mayo y junio a partir de brotes (de romanesco o ñato) obtenidos de producción propia o de plantines de semillas híbridas o varietales que pueden ser tanto blancos como violetas.

El punto de cosecha de los alcauciles es generalmente determinado por el diámetro, la turgencia y la calidad del alcaucil. Se inicia entre los meses de mayo y junio para los alcauciles de primicia, dicho período se puede extender hasta octubre y noviembre, dependiendo fundamentalmente de las condiciones climáticas.

La cosecha tradicionalmente se realiza manualmente ya que no hay maquinaria específica que pueda ir seleccionando y cortando a medida que se transita el lote. Luego de cortado el capítulo hay varias formas de realizar el acopio para su posterior embalaje.

Se cosechan aquí 3 variedades de este cardo carnoso: el alcaucil francés; el híbrido violeta; y el híbrido verde y blanco. El francés tiene buen peso, pero baja productividad por planta. Los violetas son más alargados y tienen una productividad mayor al francés. Pero los verdes y blanco duplican el tamaño y la cantidad de cabezas por tallo de los primeros, siendo la más productiva de las tres variedades.

La importancia que ha ganado la ciudad respecto a los alcauciles, ha pasado no solo las fronteras de nuestro país, sino del continente americano, cruzando el océano para llevar el nombre y la marca de las alcachofas platenses a tierras europeas. Tanto así es que hace algo más de dos años, se realizó noveno Simposio Internacional de la Alcachofa 2015, la primera edición celebrada fuera un país europeo, evento que terminó de decidir a las autoridades nacionales para entregarle a los productores locales la tan ansiada Indicación Geográfica que hoy distingue a este fruto producto del trabajo de los habitantes del cinturón hortícola de La Plata.

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