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lunes 11 de diciembre de 2017 - Edición Nº2024
El rincón de Nana

El camino de la luz

24 nov - El 8 de diciembre comienzan oficialmente las fiestas de fin de año con el armado del arbolito ¿Sabemos realmente qué significa?

Armar el Árbol de Navidad tiene origen pagano: data de cuando los celtas adornaban su árbol sagrado, el roble, para asegurarse el regreso del sol al comenzar el solsticio de invierno. Los celtas colgaban pequeñas antorchas y ramas de muérdago, de esta manera protegían al roble del frío y lo ayudaban a recobrar fuerzas para reverdecer en primavera.

La Iglesia católica de Pío IX en su bula Ineffabilis Deus, estableció que la madre del hijo de Dios fue preservada del pecado original desde el primer instante de su existencia, por lo que desde entonces se celebra el Día de la Inmaculada Concepción de María el 8 de diciembre, aunque originalmente la fecha también tenía que ver con el nacimiento de Frey, dios celta del sol y la fertilidad. La costumbre cristiana de colocar regalos a los pies del árbol y abrirlos en Navidad, también proviene de los celtas, quienes una vez producido el solsticio, distribuían las antorchas que adornaban sus ramas.

En el norte de Europa existió, además, el Arbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa estaba el palacio de Odín, su máximo dios, de donde los primeros evangelistas tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole el significado. Ocurría que mientras a Yggdrasil se le ofrecían sacrificios humanos, para los cristianos eso no hacía falta: Jesús ya había dado su vida en los maderos de la cruz para salvar a la humanidad.

Mientras los cristianos protestantes eligieron el pino, los católicos prefirieron el abeto y esto tiene que ver con que fue Martín Lutero, padre de la Reforma, quien impuso el pino como Árbol de Navidad, que sus hojas simbolizan el eterno amor a Dios, pues son perennes. Esta idea también fue aceptada los católicos, pero para distinguirse de los protestantes lo reemplazaron por el abeto que tiene una forma triangular y representa así a la Santísima Trinidad.

Los judíos, en cambio, poseen su Árbol de la Vida, que no existe materialmente, pero que se dibuja con diez esferas, que representan las diez emanaciones espirituales (sefirots) a través de las cuales Dios habría dado origen a todo lo existente. Estas diez emanaciones se conectan a su vez con las 22 letras del alfabeto hebreo y su compleja interpretación entra en el terreno de la Cábala.

El Árbol de Navidad también recuerda al manzano del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde provino el pecado original: originalmente no eran esferas las que adornaban al árbol sino manzanas. Las creencias paganas establecen que los adornos rojos son para la pasión; los dorados para la riqueza; los blancos para la paz, los azules para la tranquilidad; los amarillos para el éxito, lo naranjas para la alegría y los verdes para la esperanza.

Para los católicos devotos, el simbolismo se transforma: las esferas representan los rezos que se hacen durante el período de Adviento y sus colores responden, si son rojas, a peticiones; si plateadas, a agradecimiento; las doradas son de alabanza y las azules de arrepentimiento. Además, la estrella que se acostumbra poner en la punta del árbol representa la fe que debe guiar la vida del cristiano. El Arbol de Navidad debe poseer entre 24 a 28 esferas, dependiendo de los días que tenga el Adviento, que se van colgando desde el 8 de diciembre hasta Nochebuena, y cada una se acompaña de una oración o un propósito.

Es necesario volver a la fuente para superarnos, recuperar lo sagrado de los momentos en nuestra vida. La fuente, en este caso, se pierde más allá del cristianismo y abreva en la sabiduría de los pueblos. El 8 de diciembre no sólo “armemos el arbolito mecánicamente” sino que hagamos un ritual de ello: finalicemos y comencemos bien el año.

Teniendo en cuenta esto, seamos conscientes de cada paso y evoquemos la alegría, el éxito, la paz, la tranquilidad y la esperanza. Llenémonos de alabanzas, agradezcamos, pidamos y tomemos las riendas de nuestra vida. Los rituales no son poderosos por una suerte de “abracadabra” sino por la intención que ponemos en ellos.

Uno de los primeros pasos para aprovechar el último mes del año, mágico si los hay, es armar nuestro arbolito como si levantáramos el esqueleto que va a sostener nuestros sueños.

Un abrazo para todos y no dejemos de soñar.

Nana

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