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lunes 23 de octubre de 2017 - Edición Nº1975
El rincón de Nana

Ser Semilla

7 ago - Desde el 26 de julio de este año y hasta el 24 de julio de 2018 inclusive es nuestra tarea sembrar y alimentar nuestro propio ser.

Hace un tiempo que no escribo pero, como todo en la vida, algunos acontecimientos se originan por una razón que sólo después de transcurridos nos dan la perspectiva para comprenderlos. En este caso, los avatares cotidianos llevaron a que me encontrara en medio de la naturaleza, sin luz eléctrica, agua corriente y con el suficiente tiempo como para conectarme profundamente con el “aquí y ahora”. Durante el día fuera del tiempo estuve, literalmente, fuera de él.
El año de la Tormenta nos dejó sacudidos: como en toda tormenta, los cambios se sucedieron alrededor para sacarnos de nuestro lugar de confort, para crecer. Este año Semilla, que comenzó el 26 de julio, ya no trae a nosotros la fuerza de los cambios externos pero nos plantea el desafío de sembrar en nuestra vida esa esencia tan elusiva en ocasiones. La energía que se despliega hasta mediados del 2018 nos lleva a prestarnos atención y enfrentar de una vez los miedos ocultos: florecer rompiendo moldes ajenos, moldes que traemos incorporados desde nuestra infancia.
La onda encantada del año es la del Caminante del Cielo, es decir, la exploración de lo desconocido ¿qué mejor manera de sembrar quienes realmente somos que explorar lo desconocido saliendo de nuestra zona de confort? Séneca ya lo decía en su momento “No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos…”
Una de las maneras de llegar a descubrir lo que realmente guarda nuestro corazón es preguntarnos el por qué de nuestro sentir a cada paso: al hacer consciente los motivos podemos llegar a encontrarnos con muchas sorpresas. La mayoría de los conflictos que complican nuestro camino tienen solución en la respuesta a esa pregunta, y la respuesta sincera generalmente nos lleva a ver que su origen está en nosotros.
Una semilla tiene el potencial de un completo ecosistema en sí misma, sólo debemos averiguar qué tipo de ecosistema. Algunos seremos flores, otros árboles, otros arbusto y, a su vez, de diferentes tipos. Todos venimos con un propósito, una misión; concentrarnos en alcanzar la mejor versión de lo que somos nos lleva directamente a descubrirla.
La semilla, a su vez, nos obliga a su cultivo paciente: a buscar la tierra propicia, regarla y defender su brote de cualquier predador…somos semilla. Si no estamos en tierra fértil, debemos salir de allí; si no regamos nuestras virtudes y trabajamos con la maleza de nuestras sombras, éstás ahogan esas virtudes; si no defendemos nuestro ser de los predadores…se van a llevar nuestra misma existencia. Nos quedaremos viendo lo que pudo ser, dependiendo del estómago de ese predador y de dónde nos deposite más tarde para recomenzar el ciclo.
A veces la tierra en la que estamos se vuelve yerma, debemos enriquecerla: en tanto accionemos a nuestro alrededor, el peligro no existe pero, si nos desconectamos del entorno en el que estamos, tarde o temprano las condiciones para nuestra vida se van a alterar en nuestro perjuicio.
Es tiempo de siembra: veamos qué es lo que queremos sembrar para que florezca al finalizar el año ¿cuáles son nuestros sueños? Ahondemos en le profundidad de nuestros miedos, seleccionemos aquellos sueños que acariciamos largo tiempo y los pensamos imposibles porque están muy lejos de nuestra realidad actual -recordemos a Séneca-. ¿Qué queremos cosechar dentro de un año? La guía en este caso es el corazón, en el fondo, librados del miedo, sabemos qué es lo que queremos; lo que nos hace ser auténticos, colmándonos de felicidad está más allá del miedo que ocasiona.
¿Qué es lo que haríamos si muriéramos mañana? No somos conscientes de nuestra propia mortalidad porque, en realidad, no sabemos si efectivamente moriremos mañana: vivimos como si no tuviéramos fecha de expiración en este plano de existencia ¿hasta cuándo? ¡Podemos morir mañana! ¿Qué haríamos en ese caso? ¡Vivir en plenitud! Esta energía nos ayuda a romper esos esquemas tan enterrados en nuestra psique.
Somos semilla, cumplamos nuestro propósito: desarrollemos ese ser dormido contenido en el interior. Florezcamos, demos frutos y elevemos nuestra cara al sol, a la misma luz.
Un abrazo a todos.
Nana

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