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sábado 24 de junio de 2017 - Edición Nº1854
El rincón de Nana

La magia de dar gracias

30 may - La mayoría de nosotros busca la magia en actos grandilocuentes. Nuestra vida mejoraría tanto si nos quitamos esa idea…

Hoy es Mano resonante azul: es un día especial para sanarnos. Una semana atrás comenzó la onda encantada del Dragón, la misión de nutrirnos en nuevos comienzos. No es casual que mientras caminaba en esta tarde fría y soleada brotara esa sabiduría adormecida que todos tenemos: el agradecimiento espontáneo por ese precioso “aquí y ahora”.

Nuestra vida, cómo no, está plagada de numerosos obstáculos que se presentan a la hora planificarla; esto hace que seamos casi ciegos a los milagros que nos rodean. El acto de dar las gracias, a pesar de que pudiera parecer banal, conlleva en ello una carga de magia importante ¿cómo es esto? Simplemente que el mismo acto de agradecer activa la magia para mejorar nuestra vida. La magia existe: basta ver el mundo en el que vivimos para comprobarlo.

Si vamos a una definición de diccionario, la magia es un conjunto de conocimientos y prácticas con los que se pretende conseguir cosas extraordinarias con ayuda de seres o fuerzas sobrenaturales. Quizá es bueno aclarar, que en esta definición es algo inexacto el término “sobrenatural” (ya sean magos, brujas, hechiceras, etc., todos acuerdan que es un arte, pero de “sobrenatural” no tiene nada… se emplean, justamente, energías de la naturaleza).

Para algunos historiadores, la magia es algo primitivo. El hombre buscaba soluciones inmediatas a sus problemas y trataba de encontrarlas en las fuerzas ocultas de la naturaleza. Se considera que la magia está más próxima de la ciencia que la religión puesto que la magia depende de la realización de una acción específica para que un favor o petición sea realizada por un espíritu o divinidad siendo posible dar órdenes e instrucciones a un ser para que éste cumpla nuestros deseos. Por el contrario, en la religión, todos los hombres están sometidos al poder de uno o más dioses supremos en cuyas manos está su destino.

La magia, desde el principio de los tiempos, pretende resolver los problemas apelando a las fuerzas de la naturaleza. Así, las características de la magia se asocian a los primeros mitos y leyendas que aparecen en las comunidades y permanecen en su historia. Más tarde surgirían aquellos que canalizaban esas energías: druidas, sumos sacerdotes, brujos o magos, a los cuales se acudía por auxilio o para resolver algún problema importante, convirtiéndolos así en una de las maneras más primitivas de liderazgo.

Estos antecedentes de la magia hicieron que su práctica fuera restringida a unos pocos “elegidos” y sus enseñanzas pasaran a ser “ocultas”. Aquí estamos hablando de magia práctica, no del camino de la magia blanca. Como en toda arte humana, podemos ser aficionados o profesionales; esto también aplica a la práctica de la magia.

Dicho esto, es entendible que algunas pautas de magia cotidiana se perdieran gracias a los prejuicios que surgieron en la historia respecto de ella. Vamos a rescatar una de las perlas de la magia personal: el acto de agradecer.
Cada vez que agradecemos, activamos la abundancia en nuestra vida. Cada vez que lo hacemos, estamos decretando que aquello que agradecemos nos es necesario y querido por lo que, invocamos mayor cantidad de ello o el fluir de algo asociado. Si agradecemos el trabajo, por ejemplo, significa que lo valoramos y con ello, invocamos más trabajo o mejores perspectivas con respecto a él.

Muchas veces nos estamos en periodos en los que nuestra situación es algo complicada y nos cuesta mucho ver razones para agradecer: es ahí cuando debemos esforzarnos en percibir las bendiciones con las que contamos y agradecerlo, para salir más pronto de la situación en la que nos encontramos. En nuestra sociedad se nos ha enseñado la tiranía de los resultados por lo que activar la magia a través del agradecimiento se vuelve cuesta arriba. Debemos aprehender este conocimiento olvidado.

Agradezcamos, ni bien nos levantamos, el haber tenido una cama caliente para dormir, el mismo despertar a un nuevo día de posibilidades, tener un desayuno, tener para comer… ¡tantas cosas!

Para recibir, primero debemos dar a manos llenas: he ahí el secreto de la felicidad y la paz en el alma. Agradezco a la vida el estar viva, el poder comunicarme con ustedes y el hecho de poder escribir historias que son valoradas.

Que la magia del agradecimiento esté presente en cada instante de nuestras vidas.

Nana

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