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jueves 22 de junio de 2017 - Edición Nº1852
Policiales

Cartas de Casos sin resolver: Soplones por azar, conveniencia y aburrimiento

7 abr - Los convictos en Estados Unidos suelen jactarse de los crímenes que cometieron y por los que no fueron juzgados o condenados. Sin saberlo, les dan a quien los escucha la posibilidad de reducir sus condenas y a la justicia nuevas armas para resolver casos que permanecieron archivados sin hallar un culpable. Las “Cold Case Playing Cards” remueven el polvo de archivos que hace años estaban quietos.

Cuando en 2003 el gobierno de los Estados Unidos decidió repartir entre sus tropas la baraja de cartas de “Los Más Buscados de Irak” nunca pensó que años más tarde una ramificación de estas serviría para solucionar crímenes sin resolver, pero con información que llegara desde los penales repartidos en los 50 estados.
Las “Personality Identification Playing Cards” son una baraja que el ejército de los Estados Unidos de América repartió en 2003 a sus soldados durante la Guerra de Irak, para facilitar las labores de identificación y captura de los personajes más buscados del régimen de Sadam Husein.
El éxito en las milicias y la efectividad que surtieron para la identificación de los cabecillas del régimen, hizo que los oficiales abocados a los casos sin resolver (“unsolved crimes” o “cold cases” en inglés) repensaran su función para las cárceles en lugar del ejército. Las cartas serían distribuidas entre presidiarios buscando traición, pero con un objetivo común, atrapar a alguien que hasta ese momento había podido evadir a sus captores.
El responsable de adaptar esa idea fue el agente especial del Departamento de Aplicación de la Ley de la Florida, Tommy Ray, quien se dio cuenta que podía usar las cartas para resolver crímenes, y en cada una de las 52 cartas ubicaría las caras de víctimas de asesinatos sin resolver y personas desaparecidas en su condado.
En 2007, el Departamento de Aplicación de la Ley de la Florida, el Departamento de Correcciones y la Oficina del Procurador General trabajaron con la Asociación de Prohibición del Crimen de la Florida para forjar las cartas e imprimieron baraja regular donde se mostraba la fotografía de una víctima y alguna información sobre un caso. En julio se distribuyeron 100.000 mazos con 104 casos sin resolver y dos casos, el asesinato de James Foote y el asesinato de Ingrid Lugo, fueron resueltos de inmediato.
Las autoridades, que vendían las cartas a $1,75 por mazo, explicaron que "es como si estuviera entrevistando a 93 mil reclusos para obtener nuevos prospectos y ha hecho maravillas". Desde entonces al menos 17 estados han adoptado este enfoque.
Tras su introducción en los penales, en el estado de Florida se terminaron resolviendo tres asesinatos en el trimestre siguiente. El primero de ellos fue la muerte de Thomas Wayne Grammer, un comerciante de metanfetamina de 37 años de edad, quien fue fusilado en su casa en 2004 durante un robo.
Un recluso en el condado de Polk dijo a los investigadores que había oído a Jason Seawright adjudicándose la muerte de Grammer, pero no lo creyó hasta que se encontró con un tres de espadas con una sinopsis del caso. Seawright finalmente fue condenado y sentenciado a 12 años de prisión. En Connecticut este sistema llevó a la resolución de nueve casos, que de otra forma todavía no habrían podido ser resueltos.
Uno de los casos más resonados fue el de Derrick Comrie, que estuvo archivado durante un lustro. Comrie estaba sentado en el asiento del pasajero del auto de un amigo cuando un hombre se acercó a él y le disparó en la cara. A finales de 2010, las autoridades recibieron el llamado de un prisionero que había oído hablar del caso mientras cumplía sentencia en Connecticut. El presidiario había estado jugando con las cartas que había comprado, cuando vio la imagen de Comrie junto con los hechos básicos de su caso.
De inmediato recordó a un compañero de prisión hablando de haberle disparado y llamó a la línea telefónica gratuita que estaba impresa en la parte inferior de la carta para decir a las autoridades lo que sabía. Tras su testimonio el asesino fue condenado a 37 años de prisión.
Hoy, con la cuarta edición de los mazos en los penales, los responsables de su impresión aseguran que su éxito se debe a las bocas flojas y al aburrimiento, ya que los presos utilizan las historias que han escuchado para negociar una reducción de sus penas en prisión.
Su éxito también radica en que son las únicas cartas en el sistema penitenciario de Connecticut y según explicó Michael Sullivan, el inspector jefe de la Oficina del Fiscal del Estado Mayor, "hay aproximadamente 15 mil personas en el sistema penal aquí en cualquier momento, y están aburridas, porque juegan muchas cartas y se sientan y hablan de estos casos".
"Pasas 24/7 con una persona en una celda de 8 por 8 pies, es muy común que estas personas hablen sobre las acciones sucias que han hecho a lo largo de los años" agregó.
Hasta el momento solo 17 de los 50 estados del país del norte usan este sistema que se va expandiendo, pero también desde Holanda y Australia se mostraron interesados en saber cómo funciona para desarrollar su propia baraja.
El caso que más tiempo estuvo sin resolver quizás haya sido el de Susan Schwarz (Washington) quien en 1979 había sido arrebatada de la ducha en su propia casa, atada, y asesinada tiro en la cabeza. Pasaron 32 años para que nueva información llevara a la captura de su asesino.
En marzo de 2010, una reclusa en el sistema penitenciario de Washington descubrió el caso de Susan en la reina de los corazones. La información llevó a los detectives a la ex novia de Gregory Johnson, quien le dijo a la policía que ella lo había visto matar a Susan. La víctima había sido su amiga y le ofreció protección para escapar de la violencia doméstica, pero este acto de solidaridad selló su muerte cuando su asesino buscó venganza.
Johnson fue arrestado y condenado a un mínimo de 24 años después de admitir el asesinato. Y tras tres décadas sin justicia, finalmente fue encarcelado.
En nuestro país los testimonios de los convictos no son bien vistos por la justicia, pero una experiencia como esta debería servir para ampliar las maneras de investigar los casos que inundan los juzgados y que se archivan por no haber hallado un culpable.

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