En 40 líneas
www.en40lineas.com.ar
sábado 24 de junio de 2017 - Edición Nº1854
Región capital

Los Hornos, el lugar donde comenzaron a cocinarse los cimientos de la ciudad

9 feb - El barrio más importante de la capital provincial, que regaló su corazón en tierra cocida para cumplir el sueño de Rocha.

Sobre el extremo noroeste del plano de la ciudad de las diagonales se extiende el barrio de Los Hornos, una comunidad mayormente rural donde las quintas y la industria ladrillera son parte del paisaje habitual de quien la recorre a diario. Y justamente esta última actividad, fue la que motivó el nacimiento de este “hermano menor” de La Plata, que el próximo lunes 13 cumplirá 134 años.
Todo comenzó cuando por la federalización de Buenos Aires el gobernador Dardo Rocha decide crear la capital provincial y hacia allí comienzan a llegar materiales y mano de obra desde muchos lugares del territorio bonaerense, para construir una ciudad desde los cimientos, en donde antes sólo había tierra.
El ladrillo, un bien preciado
El historiador Ricardo Soler remarca la importancia de los adobes al indicar que “tal circunstancia convirtió en un excelente negocio la venta de ladrillos, lo que llevó a numerosos habitantes del interior de la provincia a desarmar sus casas para vender en La Plata el preciado material de construcción”. También sostiene que por aquellos días y en referencia a este negocio, se escuchaba en la provincia una copla que decía “Me voy para La Plata/ la Nueva Capital/ donde se gana dinero/ con poco trabajar”.
La demanda principal para la construcción de los edificios fundacionales que estaban planificados para las sedes gubernamentales, militares y religiosas, era de ladrillos y su traslado era excesivamente lento y oneroso, por lo que Rocha decidió instalar fábricas en las inmediaciones del simétrico trazado platense, en las localidades de Hernández y Ringuelet.
Hornos y más hornos
Esa decisión, sería reconsiderada y apenas comenzado 1883, cuando a través de un decreto se crea el barrio “Villa Unión Nacional” al que se trasladan los hornos para cocinar los trozos de tierra moldeada y desde donde se comienza a tratar de abastecer la demanda de la naciente capital provincial.
Tanto fue así que en la zona se concentraron 83 de los 85 hornos de ladrillos, en los que se calcula que trabajaban alrededor de 50 personas en cada uno. Sólo la cantidad de empleados de las ladrilleras, duplicaba la población de Villa Unión, nombre oficial para la zona que poco a poco iría perdiendo fuerza, hasta que la localidad se hiciera conocida por su denominación popular, producto de su principal actividad, y todos la llamaran: Los Hornos.
Uno de los primeros autorizados por el gobierno nacional para cocinar el material del que necesitaba proveerse la provincia para moldear la nueva ciudad, fue un vecino de apellido Cerrano, que poseía para esta tarea un sistema propio, pero nunca fabricó ni un solo ladrillo, aunque si se encargó de vender la licencia a una compañía francesa: “Portalis, Frerese, Carbonier y Cía”.
Una comunidad en crecimiento
A dos años de la creación del barrio, sus pobladores tenían requerimientos propios de las grandes urbes y ya poseían por ejemplo, una iglesia (la parroquia San Benjamín) que con el paso del tiempo sería el corazón mismo de la comunidad y que proveería a sus feligreses de instituciones educativas en todos los niveles.
Conforme más y más obreros se afincaban en el lugar, también se iban instalando instituciones necesarias para una vida social activa de su población. Así llegaron un Juzgado de Paz, un club social, comercios y de las diez escuelas que la provincia creó en 1885, la Nº 9 y la Nº 11 se encontraban en el barrio de Los Hornos.
Debido a que el grueso de su población era inmigrante, mayormente italiana, en menor medida española y algunos de origen holandés, comenzaron a reunirse en “clubs” cuya finalidad era la ayuda mutua. Solo el 18% de los “hornenses” (gentilicio correcto para los habitantes del lugar, que no es el de “horneros” dado a los asesinos de José Luis Cabezas) era de origen nacional y con la llegada e instalación del ferrocarril, en el año 1885, se contribuyó a dinamizar el proceso de concentración poblacional así como la llegada de inmigrantes trabajadores.
El diario “El Nacional” publicaba en 1884, “a poco más de una legua de la ciudad están los hornos de ladrillo, sus casas de comercio, sus calles y un hormiguero de tres a cuatro mil obreros que trabajaban sin cesar. Hay allí millones de ladrillos cuadrilongos de barro dispuestos de canto sobre el suelo secándose al sol, mientras otros apilados en blocks enormes se enrojecen al calor del fuego que arde en las entrañas de la pila, dejando escapar por las rendijas una humareda espesa y blanca que se difunde como una niebla tenue por todo el paisaje que la vista abarca. Al ver aquella incalculable cantidad de ladrillos, parecería que allí se fabrican todos lo que la Confederación entera puede consumir pero, lejos de ser así, no alcanza a llenar las demandas de La Plata pues, con producir aquellos hornos millones y millones, todavía llegan cargamentos enteros de toda la provincia: de Mercedes, de Chivilcoy, de todos los puntos por donde el ferrocarril cruza”.
Una gigantesca obra en construcción
Sólo para imaginar la demanda ladrillera de aquella naciente ciudad, hay un cálculo (en el que se puede creer o no) que indica que la Catedral platense contiene doce millones de ellos. Pero cuando se decidió crear una ciudad capital, su primer iglesia fue la Basílica de San Ponciano, pero a ese templo había que sumarle las construcciones de la gobernación y la municipalidad, el ministerio de seguridad, el zoológico y el museo, el regimiento 7 de infantería, el teatro argentino y el ministerio de salud, la estación de ferrocarriles, el colegio Normal 1 y la curia, todas ellas en el eje histórico del trazado capitalino. Pero también se construían por esos tiempos el ministerio de economía, el de obras y servicios públicos, la Suprema Corte de Justicia, el seminario mayor San José y el cementerio. La ciudad soñada por el gobernador era una gran construcción de dieciséis kilómetros cuadrados y su hermano menor proveía la mayor parte de los materiales para sus cimientos.
Pero además de la industria ladrillera, existían otras producciones que generaban demanda de mano de obra, como las fábricas de tejas, de cerveza y dulce de leche, así como molinos harineros y panaderías.
Los cambios
A medida que la ciudad tomaba forma, la actividad ladrillera fue menguando, producto de una baja en la demanda por parte del gobierno y el barrio se fue transformando en una zona de quintas, donde se pueden ver los cultivos de tomate, alcaucil o frutilla. Tan importante es la actividad agraria, que son reconocidos los viveros que allí se encuentran, estando ubicado en la zona el más importante de Latinoamérica, que cultiva todo tipo de flores, plantas y coníferas.
El paso del tiempo fue testigo de cómo se construían y más tarde se abandonaban los talleres del ferrocarril provincial y de cómo se urbanizaba la arista más cercana al límite platense y avanzando a las zonas de quinta a medida que se va con rumbo hacia la ruta 36.
La barriada más importante de la ciudad de La Plata, con una identidad y una historia propia y es responsable en gran medida de la construcción de su hermana mayor, tras haberle regalado su corazón en forma de tierra cocida.

Comentarios

Más noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias