En 40 líneas
www.en40lineas.com.ar
lunes 24 de julio de 2017 - Edición Nº1884
Policiales

Cómo se construye un asesino serial

23 ene - Una historia en la que el victimario siempre fue la víctima y en la que sus “mentores” jamás respondieron por la responsabilidad que les cabía en los asesinatos.

"Thorlacius" nació en 1981 en Islandia, vivió hasta el año y medio con su madre y su padre, cuando fue secuestrado y obligado el resto de su vida a trabajar como esclavo por su sustento. La mañana en la que fue separado de su familia, tres de sus miembros perdieron la vida tratando de salvarlo.

Ese fatídico amanecer marcaría su vida y aún viviendo en la esclavitud durante el resto de ella, su espíritu de venganza nunca menguó y por cada familiar caído, el cobraría una vida humana. Tras pasar 33 años cautivo, sólo la muerte frenaría su sed.

En 1983 sus captores lo llevaron a Canadá, allí trabajó durante 9 años y engendró dos hijos, que era uno de los motivos con los que se justificaba su encierro. Antes del final de sus días, su progenie llegaría a los catorce, aunque los doce restantes serían yanquis y terminarían esclavos al igual que su padre, trabajando por el pescado y diseminados por el mundo.

El primer crimen de Thorlacius fue en aguas canadienses, allí el 20 de febrero de 1991, mató a Keltie Byrne, empleada de sus apresadores y causa de que un año más tarde, fuera vendido y trasladado a Orlando, Florida, donde tardaría 7 años en asesinar y capar a Daniel Dukes, un joven de 29 años que por la noche quiso nadar en su compañía.

A Byrne la asesinó cuando resbaló y cayó al estanque con las orcas. Allí junto a Haida (que estaba embarazada) y Nootka, la sujetaron y la ahogaron. Ese crimen marcó su salida de Canadá.

Ya en los Estados Unidos, en julio de 1999 se cargó a Daniel Dukes, un hombre de 29 años que fue encontrado desnudo sobre su espalda.

Dukes lo había visitado el día anterior y burlando la seguridad de sus captores llegó para nadar junto a él. No tuvo piedad, lo capó y lo dejó sobre su espalda hasta que por la mañana los encontraron juntos.

Las primeras versiones aseguraban que el hombre no tenía marcas de mordeduras en su cuerpo, ni había signo alguno de sangre en el estanque, algo imposible ya que el estanque contenía millones de litros de agua y el cuerpo de Dukes solo 7 de sangre. Thorlacius mordió a su víctima y la castró, pero lo increíble es que se comió sus genitales y Dukes murió desangrado y no por ahogamiento e hipotermia, como trató de encubrirlo la policía.

Algo más de una década más tarde, el 24 de febrero de 2010, Thorlacius cobró su tercera víctima cuando mató a Dawn Brancheau, una entrenadora de 40 años con 16 años de experiencia en SeaWorld, que fue atacada después del espectáculo frente a dos docenas de turistas. A Brancheau le arrancó el cuero cabelludo y le comió un brazo.

El 6 de enero último, como consecuencia de la infección respiratoria que había minado su salud, Thorlacius amaneció muerto, o al menos eso informaron quienes lo condenaron a 33 años de encierro…

Relatada de esta manera, la historia de Thorlacius resulta la de un asesino serial empujado por las circunstancias del encierro y el maltrato, a una psicosis que lo convirtió en vengador de su familia y su condición esclava. Pero lo realmente increíble en toda esta historia, es que Thorlacius no es el criminal, sino la víctima…

Thorlacius es el segundo nombre de Guðni Jóhannesson, presidente de Islandia, pero en realidad el protagonista de esta historia se llamaba Tilikum, la orca macho más grande criada en cautiverio, que fue separada antes de cumplir dos años de edad del grupo con el que vivía, por cazadores que para hacerlo, las rastrearon por mar y aire.

La mañana en la que fue capturado, él y otras crías se separaron de la manada junto con sus padres, mientras que las hembras guiaron a los cazadores mar adentro. La inteligente jugada de las madres hubiera resultado, si los captores no hubieran tenido el apoyo aéreo que llevaron solo para cargar a las orcas más jóvenes, que por cuestión de tamaño podían ser transportadas mas facilmente.

Desde Islandia, donde no está penada su captura, fue llevada al parque SeaLand of the Pacific, en Canadá. Allí fue obligado a vivir con dos hembras agresivas que constantemente lo lastimaban y fue encerrado en un tanque demasiado pequeño para las dimensiones de este mamífero, que cuando llegó al lugar ya medía 3,5 metros de longitud.

Según algunos investigadores de la vida de estos seres marinos, las orcas al igual que los humanos son criaturas sociales que albergan sentimientos de apego por la familia con la que se crían, por lo que no sería extraño que pudiera alimentarse en ellas también el sentimiento de venganza.

Precisamente el hecho de vivir socialmente, hace que cada manada tenga su dialecto, un sistema de comunicación complejo y estable, único para cada grupo en particular y trasladarlas fuera de ellas las condena a una vida de incomunicación con su entorno, en la que se encuentran solos a pesar de estar acompañados.

La soledad, el encierro y la esclavitud a la que son sometidos estos mamíferos marinos del grupo de los delfines, horadan su psiquis y su conducta, convirtiéndolas en depredadores de humanos, un eslabón que no está naturalmente en su cadena alimenticia, transformando en víctimas a sus victimarios.

Dicho todo esto, ni Tilikum en particular, ni las orcas en general son asesinos. Pero bien podría justificarse su conducta cuando quienes buscan generar ingresos con su sometimiento se convierten en el objeto de su furia de venganza, tras una vida de tormentos que no merecían. Una orca en libertad jamás atacó a un ser humano, algo que no puede decirse en orden inverso.



Escuchá la historia acá

Comentarios

Más noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias