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jueves 17 de agosto de 2017 - Edición Nº1908
Turismo

Ya se empiezan a realizar los muñecos ardientes

2 dic 2016 - Los creadores de las figuras que serán incineradas con el nacimiento del 2017 ya comienzan a ganar las calles, para juntar moneda a moneda el costo de la fabricación. La municipalidad abrirá este lunes la inscripción de aquellos que quieran participar del concurso.

Cada año, cuando diciembre asoma, el paisaje platense empieza a tomar nueva forma. Hay menos artistas del semáforo y hasta se reduce la cantidad de limpiavidrios (que seguramente verán en la Costa bonaerense un lugar de mejor bonanza para la actividad), pero las monedas siguen desapareciendo de los recovecos de los vehículos.
Los encargados de hacerse con el “sencillo” de los automovilistas no se encuentran en los cruces de las avenidas, sino en una esquina cualquiera de las tantas que hay en los barrios platenses y en su mayoría son chicos y adolescentes que piden “una moneda para el muñeco”.
Los momos que arderán con la llegada del nuevo año aún no están ni en los huesos, por lo que resulta difícil identificar que figura será víctima de las llamas, pero desde el lunes el municipio sabrá que muñeco habrá en cada esquina en la que se decida arder uno, puesto que se abrirá el registro que habilita su fabricación.
Esta inscripción comenzó a hacerse cuando el ex intendente Julio Alak, nacido y criado en Benito Juárez, empezó a poner trabas a quienes año a año cumplían con esta tradición platense, maquillando su intención de desterrar la costumbre con un concurso en el que había dinero de por medio.
Desde su nacimiento, la tradicional quema del muñeco solo fue interrumpida y prohibida en 1976 por la última dictadura cívico-militar, por lo que los platenses, lejos de amedrentarse, tomaron la propuesta del ex alcalde como un incentivo y el momo de fin de año dejó de ser cosa de chicos, para convertirse en algo serio en lo que intervenían desde niños hasta ingenieros; y que lleva desde el muñeco más simple hasta polémicas escenas bíblicas que generaron revuelo o reproducciones articuladas de dinosaurios. En la mayoría de los casos, se invierte mucho más de lo que el municipio ofrece como premio.
Pero esta costumbre, que lleva más de seis décadas en la ciudad de las diagonales, comenzó cuando un grupo de vecinos construyó un ‘monumento’ a los jugadores del club Defensores de Cambaceres, quienes unos días antes se habían consagrado campeones de la Liga Amateur Platense.
La esquina en la que se realizó esta primer quema fue la de 10 y 40, donde la familia Tórtora tuvo la idea de crear el primer gigante que existió en la ciudad y donde aún se sigue con la tradición que marca a fuego a La Plata. Su hijo Roberto, confesó alguna vez que "el culpable es don Luis, mi viejo. El inventó todo esto allá por 1951 para homenajear a fin de año a un jugador de Cambaceres, club del que era presidente. Yo entonces tenía unos 10 años y el muñeco se levantó en la puerta del almacén y bar Los Obreros".
El auge de los gigantes de papel maché no fue inmediato y le llevó casi dos décadas ganar las calles, porque no fue sino hasta la década del ‘70 que se comenzaron a ver más seguido y en diferentes esquinas del casco urbano las estructuras que a la postre se incendiarían en cada barrio.
Así, la gente comenzó a construir los muñecos para rendir homenajes a aquéllos que durante el año hubiesen destacado por algún motivo, por lo que entre las primeras réplicas de aquellos días se pude ver a Antonio Ubaldo Ratín, la Momia Blanca, Diego Maradona u Oscar ‘Ringo’ Bonavena, entre otros.
El tiempo pasaba y la tradición de los muñecos se convirtió en parte del paisaje de la ciudad durante los últimos días de cada diciembre, donde se puede ver a los chicos de la comunidad estirando sogas de lado a lado de la calle para pedir colaboración a los transeúntes. Con lo recaudado se compran materiales como madera, clavos, alambre, harina, pinturas y la pirotecnia, que le da color y ruido a la fiesta.
Si bien los habitantes de la ciudad capital no discuten el destino de hoguera de las construcciones, es común escuchar cuestionamientos por parte de los foráneos. En ese sentido la antropóloga Rosana Menna encuadró esta manifestación popular en el denominado “arte efímero”, explicando que la obra está condenada a la hoguera; a arder mucho tiempo, explotar, hacer mucho ruido, para que se vaya lo malo del año. Representa mucho trabajo invertido, para luego ser extinguido y no nos quedamos con más que el registro fotográfico".
Por su parte, también el antropólogo Héctor Lahitte considera que "producir un hecho artístico para luego entregárselo al fuego implica un rasgo de evolución importantísimo porque convoca y pasa y luego vuelve a convocar y pasa pero el mensaje queda, trasciende al objeto y llega a la persona. La elección de los personajes a construir y quemar refleja el estado de ánimo, las inquietudes, las esperanzas y las frustraciones del grupo. Son expresiones que se hacen a través de la exaltación de valores".

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