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sábado 24 de junio de 2017 - Edición Nº1854
Turismo

Cementerio de La Plata: “Un museo a cielo abierto”

25 oct 2016 - Así lo define Cristina Espinosa, encargada de las visitas guiadas al camposanto de la capital provincial, donde se puede apreciar que la historia de la necrópolis platense es rica desde todo punto de vista: sus habitantes, su arquitectura, su simbología y hasta sus leyendas urbanas.

entrada principal del camposanto platense
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Guisita guiada por Cristina Espinosa en el sacramental de la ciudad de las diagonales
Guisita guiada por Cristina Espinosa en el sacramental de la ciudad de las diagonales
El cementaerio de la capital provincial está ubicado en el vértice sur de la ciudad, en el final de de las dos diagonales que cruzan la ciudad de punta a punta (la 74) que comienza a orillas del Río de la Plata, en el agua, que para la simbología masónica es la vida, por lo que en este caso, su conclusión representaría a la muerte.
Sus planos fueron aprobados en 1884, su construcción fue terminada en 1886, y se habilitó el 19 de enero de 1887. Diseñado por Pedro Benoit, reproduce el plano de la ciudad, con una plaza central, las diagonales, las plazoletas, característica única en el mundo para un “sacramental”.
El casco fundacional alberga en la actualidad más de 10.700 bóvedas, además de más de 2.000 tumbas en el anexo Cementerio Israelita, bóvedas comunales y familiares, y nichos en los muros perimetrales y en el Panteón.
Entre las organizaciones que poseen bóvedas comunales, se halla el panteón Naval; el de la Asociación de Maestros; Círculo de Periodistas; Sociedad de Socorros Mutuos de Policía; Servicio Penitenciario; Personal del Ejército; y La Protectora S.S.M. A su vez existen panteones de nichos pertenecientes a la Curia Platense, conocidos como Panteones del Clero.
La uruguaya Cristina Espinosa, estudiosa incansable de develar las historias que allí se encuentran, indicó que “su portón neoclásico ubicado en el frente de la construcción tiene simbología masónica, desde las 24 columnas (12 que simbolizan la vida y 12 la muerte), con la corona de la trascendencia del individuo, los ángeles, las antorchas cruzadas, los moños que las agarran, las cinco gotas en el alquitrabe, y una cantidad de símbolos que respondían a la institución a la que respondían tanto Dardo Rocha como Benoit”.
En el cementerio se repiten los estilos arquitectónicos de la ciudad, por lo que en su interior “hay bóvedas neogóticas (estilo importante del siglo XIX); desde 1895 a 1920 se empezó con el art nouveau, donde todo lo artesanal se puede ver en los mármoles, los vitreaux y las grandes puertas de las bóvedas de esa época; hay un modernismo catalán que viene de -Antoni- Gaudí de la Sagrada Familia en Barcelona, que acá las bóvedas como la del doctor -Noel- Sbarra puede apreciarse; también hay art decó, que aparece después de la década de 1920, una superposición de planos, una cosa mucho más recta, sin tanto adorno; y finalmente están las bóvedas masónicas que son neoclásicas” indica Espinosa.
Entre los habitantes del camposanto platense hay artistas, personalidades históricas, de la política y del deporte. Recorriendo las tumbas en las calles internas puede encontrarse a “los cinco sabios: Juan Vucetich (que fue traído en 1942 al gran panteón policial), Alejandro Korn, Carlos Spegazzini, Almafuerte -Pedro Bonifacio Palacios-, y Florentino Ameghino, cuyo monumento lo hizo -Rogelio- Yrurtia, que fue el que hizo el monumento al trabajo en Buenos Aires”.
Espinosa es una entusiasta de la historia que hay oculta entre tanta muerte, tanto así que tiene carpetas con más de 250 personalidades sobre las que investigó y nunca rehúye la posibilidad de sumar más nombres a ellas. Entre los grandes ignorados del cementerio, encontró a “el General -Manuel- Hornos y mucha gente ignora este dato, porque murió 11 años antes de la fundación de la ciudad. Sobre esto hay dos versiones: una que dice que hay un pedido suyo de estar en la ciudad que fuera capital de la provincia de Buenos Aires, cuando Buenos Aires tuviera una capital; y otra que dice que Sarmiento había dicho que no quería estar en el mismo cementerio que Hornos y por eso llegó acá. La cuestión es que en 1915, Emilio Coutaret que también es otra de las personalidades del cementerio, hizo esa gran bóveda y el general descansa ahí también”.
Sin demasiadas pompas que lo distingan del resto, la guía nos cuenta que está también “el gobernador -Carlos Alfredo- D'Amico está en un nichito en el fondo con una plaquita y que fue grado 33 de masonería -N de la R: es el grado más alto al que se puede aspirar en el Rito Escocés-, el gobernador Luis Monteverde y el Teniente Coronel Luis Burella, que fue quien comenzó en 1814 la Guerra Gaucha, antes de reconocer como su superior al General Martín Miguel de Güemes”.
Los artistas no quedan fuera de las personalidades que allí podemos encontrar, sin ir más lejos a toda la familia Podestá, pero Espinosa fue más allá en su búsqueda y encontró a “Juan Cruz Mateo que fue el bandoneonista que acompañó durante toda su carrera a Carlos Gardel y que figura en la bóveda con un nombre Vasco con carteles escritos en francés, pero nació en Ensenada.
También está Manuel Puig, el autor de Boquitas Pintadas y el poeta Matías Behety, conocido como la “momia de Tolosa”, protagonista de una de las tantas leyendas urbanas del cementerio de La Plata”.
En la actualidad el cementerio de la ciudad de La Plata no se encuentra en su mejor estado, pero eso no le impide ser un lugar digno de ser visitado, donde es posible aprender mucho de su historia, sus habitantes y su pintoresca arquitectura, que son el reflejo del paso del tiempo en la ciudad de la diagonales. Y para quienes gusten de este tipo de paseos, la frase de Cristina Espinosa puede describirlo de la mejor manera “es un museo a cielo abierto”.

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