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jueves 22 de junio de 2017 - Edición Nº1852
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Muerte dulce, trago amargo

30 dic 2015 - ¿Qué hay de cierto en la historia de la muerte del creador de las galletitas Tita? ¿Qué tan veraz es que no es también el creador de las Rhodesia? Otra de las historias de difícil comprobación que recorren la web a diario.

Se le atribuye a Mark Twain, la recomendación “nunca dejes que la verdad se interponga en el camino de una buena historia” y eso en los tiempos de hoy, donde las noticias se viralizan antes de que puedan ser comprobadas, tiene una actualidad que asusta.

Este escritor y orador estadounidense, autor de “Las aventuras de Tom Sawyer” (1876) y de “Las aventuras de Huckleberry Finn” (1885), hubiera quedado pasmado si pudiera ver con que velocidad se propagan hoy a través de la web historias de difícil o nula comprobación, que siguen a pie juntillas, letra por letra, su tan mentada frase. Ejemplos para graficar esto sobran, por lo que de manera arbitraria vamos a tomar uno al que podríamos titular como “Muerte dulce y trago amargo”.

Esta historia, que empezó a circular por la web allá por 2008 –o por lo menos hasta ahí se lo puede rastrear - y que se fue metiendo hasta el tuétano, cada vez con más datos en distintos blogs, habla de dos golosinas que marcaron la infancia de muchos argentinos: las galletitas Tita y las obleas Rhodesia.

El relato cuenta que Edelmiro Carlos Rhodesia nació en Lobos, en 1895, y que asistió a la escuela primaria en Buenos Aires, por eso debió alejarse de sus padres y hermanos para hospedarse en casa de su abuela. Pero en 1943 volvió a la ciudad que lo vio nacer y conoce a una viuda, que dos años después sería su mujer, Lidia Martínez de Terrabusi.

La historia no trata con decoro las costumbres de la esposa de Rhodesia y en algunos lados la catalogan como “ligera de cascos”, haciendo referencia a las actitudes libertinas de la señora respecto de la fidelidad hacia su marido.

Como consecuencia de esto, en 1947 nace su primer y única hija, Melba, de cuestionable parecido hacia sus padres, ya que su tez era oscura y la de sus progenitores trigueña. Este detalle si bien trajo varios inconvenientes y discusiones a la pareja, no impidió que a niña fuera quien bautizara el primer producto del oriundo de Lobos.

Así, una tarde de 1949 Rhodesia, agobiado por el trabajo en el Liceo Militar, decide hacer un postre casero que había aprendido a cocinar en sus años de estudiante, el mismo consistía en dos galletitas dulces rellenas recubiertas con un baño de chocolate. Melba, de dos años en aquel momento, al no poder pronunciar correctamente la palabra “galletita” la nombraba “Tita”, y fue así como la preparación fue nombrada.

Meses después, Edelmiro fundó su pequeña empresa familiar de golosinas y comenzó a comercializar masivamente sus productos. Para 1955 la Tita ya era un clásico y como una burla al destino que le había hecho una mala jugada en la concepción de Melba, dio el mismo nombre de su hija a unas galletitas de chocolate rellenas de limón.

Hasta ahí todos los relatos virtuales coinciden en mayor o menor medida, pero es en este punto donde lo incomprobable ayuda a la viralización y está relacionado a la muerte del incipiente empresario lobense.

Quienes la repiten una y otra vez, aseguran que el ascenso económico de Rhodesia no era bien visto y que el heredero de la familia Bagley, conocida productora de golosinas tradicional, fue quien lo ultimó a balazos.

La tradicional empresa golosinera vio jaqueada su economía a manos de Rhodesia y sufrió increíbles pérdidas. Tanto así, que estuvo cerca de declararse en bancarrota. Por estos motivos en marzo de 1956, Roberto Bagley, joven heredero de la fortuna de su familia, disparó repetidas veces sobre la espalda de Edelmiro, mientras éste preparaba dulce de leche repostero. Su muerte fue instantánea. Cuentan que Bagley estuvo prófugo varios meses hasta que fue capturado en Holanda.

Estos hechos, el asesinato, la fuga y la captura, no figuran en los diarios de la época, que durante el mes de marzo de 1956 prefirieron por ejemplo dar lugar en sus páginas al brote de poliomielitis que azotaba al país, al panamericano de fútbol que se desarrollaba en México, a la muerte del ex presidente de facto Eduardo Lonardi y a detalles menores que hacían mención a la escalada de un teniente del Monte Aconcagua o a la ubicación que tendría la futura capital de Brasil.

El último detalle cuestionable de toda esta historia que parece escrita y dirigida por Alberto Migré, señala que en la primavera de 1963, Lidia Martínez (vida de Terrabusi y de Rhodesia) vendió la empresa a José Félix Terrabusi, primo de su primer marido. Éste, en honor a este mártir de la historia de los baños de chocolate, puso a la venta el 1 de julio de 1974, una de sus más comercializadas golosinas, “la Rhodesia“.

Para rebatir esta teoría, está la palabra de F Alan Bawden, quien tiene a su cargo ‘el gran libro de las marcas’ y que en su blog advierte “No le hagan caso a esa supuesta historia que circula por ahí tratando de relacionar al nacimiento de la Rhodesia luego de un supuesto asesinato que involucraba al heredero de Terrabusi y al de Bagley; ambas nacieron en los años 40 y existen muchas personas nacidas en esa época que afirman haberlas probado cuando tenían 10 años, anteponiéndose a esa supuesta teoría donde Rhodesia nace en los 70 en honor a una supuesta persona asesinada”.

En fin, pudiendo comprobarse o no, la historia resulta interesante en si misma porque cuenta con todos los condimentos necesarios para virilizarse: Amor, engaño, ambición, mentiras y muerte. Una fórmula que no puede fallar, como la de la Rhodesia.

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